1.

A mediados de 1959, en un hotel neoyorkino, fue presentada públicamente la Xerox 914. Unos meses después saldría a la venta para revolucionar el sistema de reproducción de documentos y libros. Con sus casi trecientos kilos, esta máquina no solamente mejoró sustancialmente la calidad de las copias, sino que redujo los costos y el tiempo necesario para realizarlas.

La Xerox 914 y sus subsecuentes versiones trastocaron, entre otras cosas, la educación universitaria puesto que permitieron, para bien y para mal, que los libros se pudieran fotocopiar fácilmente. Para mal, en tanto se fomentó un consumo fragmentario de los productos culturales, basado en la lectura de ciertas páginas y no de las obras en su totalidad. Para bien, porque los libros agotados se volvieron accesibles. Las fotocopiadoras remendaron así uno de los mayores problemas de la industria editorial (en papel): la oferta de los libros cuya demanda era esporádica y que, por ende, resultaba poco redituable reimprimir.

2.

La teoría de la historia (1940-1973), antología preparada y prologada por el historiador Álvaro Matute, era uno de esos libros que solamente podían ser leídos en fotocopias. Su primera edición fue publicada en 1974 en la legendaria colección Sepsetentas y jamás había vuelto a ser impreso. Desde hace tiempo era imposible encontrarlo, incluso en las inagotables librerías de segunda mano.

El hecho era grave por varias razones. Primero, porque cada uno de los siete textos en él reunidos son notables ejemplos del pensamiento producido en México durante el siglo XX. Tres ejemplos que son nuestros favoritos: la discusión entre Edmundo O’Gorman, Alfonso Caso, Ramón Iglesia y demás: “Sobre el problema de la verdad histórica”; el ensayo “Historia y vida” del mismo Edmundo O’Gorman y las “Notas sobre la historiografía” de José Gaos.

La segunda razón es porque la antología leída en su conjunto representa una radiografía didáctica del quehacer reflexivo sobre la historia. Con ayuda del estudio introductorio preparado por Álvaro Matute, el lector puede recorrer el desarrollo de la teoría de la historia desde de la llegada del exilio español cuando se dio en México una apropiación del historicismo de raigambre alemana y orteguiana, así como del marxismo teórico.

Tercero, porque, como siempre ha defendido Matute, la teoría es profundamente práctica. No solamente ayuda a los historiadores a formarse en una u otra doctrina, sino que es una eficaz manera de adentrarse a la producción historiográfica y, con ello, obtener conocimiento sobre cierto momento histórico.

Por último, La teoría de la historia se trata ya de un libro histórico. Es una pieza central dentro de la tristemente marginal tradición que se ocupa de la teoría de la historia en nuestro país. Con la construcción de esta antología, Matute resaltó la riqueza del pensamiento reflexivo sobre la historia y lo reivindicó frente a sus pares. En el proceso, seleccionó una serie de textos para crear al canon de la teoría de la historia mexicana.

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3.

Este año, el Fondo de Cultura Económica ha reeditado La teoría de la historia en México. Es y no es el mismo libro. Se mantiene la importante (y ahora actualizada) “Introducción a la edición de 1974” escrita por Matute, así como buena parte de los textos de la versión anterior. Pero también se incluyen otros autores (Alberto T. Arai, Antonio Gómez Robledo, Alfonso Reyes, Luis Abad Carretero y Adolfo Sánchez Vázquez), se recorre un periodo histórico diferente (de 1940 a 1968,y no de 1940 a 1973) y hay nuevas presentaciones de cada uno de los autores. Con esto, un libro clásico escapa de las Xerox y vuelve a circular para mostrar, una vez más, su vitalidad.