Faltaban apenas un par de años para la desintegración de la Unión Soviética. Era ya evidente que las cosas cambiarían pronto y radicalmente. La lógica del mercado poco a poco fue inundando los distintos rincones que habían permanecido reticentes a ella desde la Revolución de Octubre. En términos simbólicos, la tarde del 7 de julio de 1988 fue clave: se realizó la primera subasta de arte en la historia de la URSS.

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Se cuenta que la idea original fue de Simon de Pury —a quien, según Wikipedia, se le conoce como “el Mick Jagger de las subastas de arte”. En aquel entonces era curador de la colección Thyssen-Bornemisza y estaba en constante comunicación con el gobierno soviético porque estaban realizando algunos intercambios de obras. Un día tomó un té con Mijaíl Gorbachov y le planteó la posibilidad de hacer una subasta. Gorbachov aceptó y dio luz verde para que sucediera.

El evento fue organizado por la casa de subastas Sotheby’s en alianza con el Ministerio de Cultura soviético, bajo el acuerdo de que las dos instituciones compartirían las ganancias. La mayoría de piezas que se ofertaron eran de artistas vivos: Ilya Kabakov, Ivan Chuikov, Vladimir Yankilevsky, Edward Steinberg y 25 otros. También se subastaron 18 piezas de artistas de la vanguardia rusa como Alexander Rodchenko y  Varvara Stepanova.  Las piezas fueron consignadas por los propios artistas o por coleccionistas privados. La selección final de qué se incluiría en la subasta fue realizada por el equipo de Sotheby’s.

El entonces presidente de Sotheby’s, Lord Gowrie, fue quien encabezó la subasta. Prácticamente todo fue vendido, sumando un total de casi tres millones de libras esterlinas. La pieza más cara fue La línea de Alexander Rodchenko: 300 mil libras. Su comprador fue el galerista David Juda. El arista vivo que alcanzó un mejor precio fue Grisha Bruskin, cuyo Léxico fundamental se vendió en 220 mil libras. La información más repetida en el momento fue que el cantante Elton John compró un cuadro de Svetlana Kopystiansky y otro de Igor Kopystiansky.

Revisando un episodio como éste resulta imposible no preguntare: ¿qué significa que el arte esté a la venta, que exista un mercado del arte? ¿Es esta subasta la muestra del mercado aniquilando los territorios no capitalistas? ¿Qué significaría, sin embargo, que alguna de estas obras hubiera terminaran en algún museo público? ¿Podemos hablar de lo paradójico de la compra del arte en ese caso? ¿En dónde es más publico el arte? ¿cuáles son los espacios más neutrales (o mejor: positivos) para que el arte viva?