Aunque sin muchos detalles, se sabe de la presencia de la masonería en México y de la pertenencia de algunos de nuestros personajes más influyentes a grupos asociados a ella. Cómo funcionaban realmente estos grupos y lo que significaron para la actuación pública de personajes como Vicente Guerrero, Andrés Quintana Roo, Ignacio Comonfort, Benito Juárez, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, entre muchísimos otros, se sabe menos. Y podemos suponer que en ello residen las claves para entender mejor el papel de la masonería en México como espacio asociado al quehacer político, pero no sólo en tanto hervidero de personalidades con poder, sino también como generador y sostén de ideas y mecanismos que marcaron nuestro devenir político.

rito

En su tesis de maestría, Carlos Francisco Martínez Moreno se centra en el estudio del establecimiento de las masonerías en México durante el siglo XIX —nuestro turbulento siglo XIX— con la preocupación de notar que la información sobre las Obediencias y Potencias masónicas en México no se ha sistematizado, así como tampoco la de sus tradiciones rituales o miembros fundadores, más allá de establecer los vínculos con aquellos que participaron de la vida política nacional. Se centra en el XIX, pero reconoce que grupos asociados a la masonería tuvieron presencia en el territorio nacional desde la Nueva España.

De los grupos masones que estudia el autor en el XIX, es particularmente interesante el sonado Rito Nacional Mexicano (RNM). Siguiendo a José María Mateos, uno de los fundadores del RNM, sabemos éste fue fundado en 1825 con la pretensión de que se superaran las disputas políticas entre los escoceses y yorkinos, los dos ritos más comunes en México hasta el momento. Su propósito, según Mateos era el de trabajar:

“incesantemente en establecer la perfecta armonía que debe ligar a los hombres entre sí, en la sociedad humana, en desterrar las preocupaciones religiosas, aún las admitidas en la misma masonería hasta entobces, y eran las de que los masones fueran obligados a pertenencer a la religión del país en que vivían; pues esto en nada era conforme, ni con los principios filosóficos de la misma masonería, ni con las luces del siglo; que la institución no podía obligar a sus miembros a otra cosa, que a que pertenecieran a la religión de los hombres honrados, que es abrazar cada uno las opiniones que crea más sanas y más razonavles, para hacer al hombre bueno, equitativo, sincero y humano hacia sus semejantes de cualquiera lugar y creencia que sean…”

Como señala Martínez Moreno, desde fundación se anunciaban dos cuestiones que juntas harían del RNM uno sin precedentes: sus ánimos seculares y de unificación; ambos aparentemente asociados a la idea de crear un partido político nacional con un programa progresista. Para el autor, esto explicaría el uso de símbolos patrios en la indumentaria del rito, todo lo cual difícilmente se puede disociar del momento que vivía México, que tan sólo cuatro años antes había formalizado su independencia de España.

Sin embargo, la particularidad del RNM se verá más claramente en un momento posterior, aunque igualmente convulso. En 1868, se publicaron una serie de reformas a la Constitución y Estatutos Generales del rito. Y en un artículo dedicado exclusivamente al tema, el mismo Martínez Moreno demuestra las razones y formas que adoptó la secularización del éste en un contexto adverso definido tanto por la histórica tradición apolítica del rito masónico como por el desprecio del Papa Pío IX al texto que se volvería fundamental para el RNM: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1857 –la cual, recordemos, separaba los intereses del clero de los del Estado, prescribiendo la supremacía del primero sobre la de la iglesia. Efectivamente, como parte de las reformas al rito impulsadas nada más y nada menos que por el Gran Luminar y Maestro Benito Juárez, Presidente de la República, desde ese momento, los adscritos al RNM tenían que jurar sobre la Constitución Mexicana como Libro de la Ley y ya no más sobre la Biblia. Como dice Martínez Moreno: para el ciudadano común aceptar la constitución era difícil por miedo a la excomunión con la que amenazaba el Vaticano, para los masones del RNM era “una obligación no sólo ciudadana, sino masónica”. Al mismo tiempo, estos mismos masones renunciaban a su reconocimiento internacional pues, frente a la tradición del rito, sustituir a la Biblia era sencillamente inadmisible.

Este proceso de secularización vinculado al proyecto de la patria ya se anunciaba en las pretensiones del rito hacía más de treinta años. Sin embargo, lo que explica Martínez Moreno es que las reformas estuvieron motivadas por un contexto que para los masones hacía aún más inminente promover el proyecto nacional: el de la disputa por las leyes de Reforma y el de la vulnerabilidad de México según daba cuenta el recién derrocado segundo Imperio. El RNM buscaba que la masonería fuera “útil a la patria y a las clases de que se formaba”, proponía que se “debía conservar la libertad y autonomía de la República Mexicana” y en el documento de 1868, se decía que los delitos que se cometieran en contra de la patria se consideraban también delitos contra el rito. Con esto, nos dice Martinez Moreno, el RNM probablemente fuera pionero en el mundo, la Gran Logia de Bélgica se secularizaría dos años después y la del Gran Oriente de Francia hasta dentro de siete.

Lo que resulta interesante de esto es ver los mecanismos con los cuales una comunidad en particular buscaba involucrarse con el devenir nacional. Ciertamente es difícil disociar a los individuos que participaban a la vez del RNM y de las estructuras de gobierno de estas pretensiones, pero lo que nos demuestra el estudio que hace Martínez Moreno es que en el rito había supuestos ideológicos y mecanismos de actuación específicos –cuyas consecuencias no necesariamente van en una sola vía. Los primeros estaban basados en una comprensión del ciudadano que no podía convivir con el creyente dogmático, y que en el fondo quería crear específicamente “mexicanos que se esperaría serían inmunes a los ataques de la Monarquía absoluta del Papa católico y de sus súbditos y operarios políticos mexicanos…”. Y los segundos recurrieron a estrategias centralizadoras que son interesantes por sí mismas. Como nos dice Martínez Moreno, el artículo cuarto de las constituciones definió al Gran Oriente del RNM como “el único que podía ejercer autoridad en asuntos masónicos de la República Mexicana, en su artículo decimoquinto se arrogaba para sí la autorización de otros Ritos en México, y en el vigésimo, fracción octava, la vigilancia de las otras logias”.

A la luz de un contexto tan complicado como fue el de México durante la década de los sesenta del siglo XIX, ver cómo operaba un grupo tan establecido como el de los masones del Rito Nacional Mexicano aporta información valiosa para pensar en distintas cosas, generalizables al estudio de los grupos que en determinado momento detentan el poder político. Primero, sobre la importancia de entender los mecanismos particulares de estos grupos, aún cuando aparentemente son discernibles por su asociación a grandes tradiciones. En segundo lugar, a ser más suspicaces y sensibles con respecto a la convergencia de fuerzas que puede estar detrás de los hombres que comúnmente se utilizan para explicar nuestros cambios políticos. Y finalmente, en la convivencia de ideologías y métodos que, sin embargo, pueden tomar formas muy distintas según el ritual (no rito) que les de forma.

 

Usamos y recomendamos

Mateos, José María. Historia de la masonería en México desde 1806 hasta 1881

Martínez Moreno, Carlos Francisco. El establecimiento de las masonerías en México en el siglo XIX, Tesis para obtener el grado de Maestro en Historia, México: UNAM, FFyL, 2011.

———- “Estado Nación laico y secularización masónica en México”, Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña. San José: Universidad de Costa Rica, Vol. 3, Nº 2, Diciembre 2011-Abril 2012, pp. 44-65.