Nadie quiere que su hijo sea un hippie, y mucho menos en la icónica década de los sesenta. En 1968, el Ambassador College Research Department publicó un libro que no se podía vender, sino que había sido publicado como “un servicio educativo gratis, con interés público” por esta universidad dependiente del Worldwide Church of God, una institución católica con amplio poder de difusión. Encontramos este libro[1]  (más bien un panfleto), titulado Hippies, Hipocrisy and “Happiness”, que es un innegable testimonio de una época y en particular de una mentalidad.

hippies

Aburridos de los valores y hartos de la sociedad, los hippies que entrevistaron los redactores de este libro pueden dividirse en dos según ellos: los auténticamente desencantados del mundo y los que sólo quieren rebelarse, que buscan sexo y diversión. En ambos casos (e incluso en el de un hipotético tercer tipo de hippie que se dedica a vender drogas), hay buenas razones para convertirse al “hippismo”. Una atractiva vida “libre,  fácil y sin responsabilidades”, lo mismo que el desdén a las  “simulaciones, hipocresías y fraudes del mundo normal” que existen. Pero los autores nos advierten: “¡la cura es peor que la enfermedad! ¡La solución hippie es peor que el problema original que se proponía resolver!”.

Nos aclaran que los hippies parecerán raros, pero finalmente “son humanos, como tú”. Responden a las enfermedad del mundo contemporáneo. De hecho, según nos informan, un “sociólogo de California” los describe como un “barómetro de nuestra sociedad enferma” . El mundo ha perdido sus valores, por lo que no es nada misterioso que la juventud busque los propios. Estos jóvenes blancos, de clase media están “asqueados con la guerra en Vietnam y la guerra en general, con las armas nucleares, con la violencia de cualquier tipo”. Y con un modelo de paternidad que no sólo deja libres a sus hijos para experimentar sexualmente y universidades que promueven “la idea agnóstica de que no hay estándares ni verdades absolutas”, los hippies no pueden sino multiplicarse. Y encima escuchan a los Beatles y les atrae el misticismo hindú…

Pero aún más raro y peligroso que “la horrible inmoralidad y las enfermedades venéreas” a las que están expuestos según los autores, es el mundo de las drogas. Esta es la principal  preocupación del panfleto y a la que le dedican múltiples páginas.  Les preocupa el consumo de marihuana en  las universidades pues, según encuestas que no citan, 360, 000 estudiantes universitarios de tiempo completo han probado la marihuana y por lo menos 60, 000 han probado el LSD.  “El consumo de LSD entre estudiantes universitarios en California está cerca de ser de proporciones epidémicas”. Y es que el problema no es que lo consuman como mero hecho de la vida, sino que para muchos hippies, el consumo de drogas “ es una religión”. Según el doctor Louis J. West –psiquiatra de la Universidad de Oklahoma– de quien esta vez sí dan datos: “la marihuana es el pegamento del movimiento hippie y el LSD el sacramento que le ha dado su identidad espiritual”.

¿Y de qué trata esa religión según la organización católica? “Es una extraña mezcla de la cristiandad de este mundo y el paganismo oriental. Es un popurrí de superstición y espiritualidad”. Los hippies, dicen escandalizados, “ven a Cristo como un very groovy cat. A Buddha lo admiran por su filosofía. Incluso a San Francisco de Asís lo consideran un antecesor de su movimiento, Los líderes del misticismo hippie son llamados ‘gurus’ y han tomado cosas del Yoga, el Budismo y otras practicas orientales como la quema de incienso”.

Pero no nos engañemos: aunque promuevan la paz y el amor, los hippies son hipócritas: “¡La comunidad hippie está rebosante de odios, complejos de persecución, asaltos, violaciones, asesinatos, suicidios  (causados por las ganas de experimentar la muerte, según los autores) y todo tipo de violencia! Los hippies se han retirado del mundo pero no han conquistado su propia naturaleza humana”. Y como los miembros de este movimiento “no nacen, se hacen”, con un inexplicable humor los autores previenen a los padres de las acciones que los pueden llevar a crear hippies en sus propios hijos.

A continuación, las instrucciones para “hacer a un hippie”. Pocas fuentes como esta para ver tan claramente la mentalidad conservadora y miedos asociados de parte de una sociedad.

Primero, tenga a un hijo en una sociedad en donde casi todos practican una doble moral. En donde engañar, mentir y robar son un modo de vida…

Segundo, dele al niño un hogar roto o infeliz, en donde el amor entre los padres esté ausente. Dele libertad para hacer lo que quiera… Déjelo ver el odio, celos, peleas y conflictos entre papá y mamá. ¡Haga esto y sus probabilidades de producir un hippie son aún mejores!

Tercero, asegúrese de que haya falta de comunicación en el hogar […] Que la conversación familiar sea remplazada por la brillante pantalla de televisión. No hable mucho con sus hijos. No ponga atención conforme empiezan a desarrollar problemas emocionales y sentimientos de inseguridad por su negación de la paternidad…

Cuarto, asegúrese de que sus hijos desarrollen miedo al futuro y la sociedad. Déjelos volverse temerosos –como usted mismo lo está– de la guerra nuclear, la carrera espacial y la guerra en Vietnam […] Mientras sus hijos e hijas crecen, se vuelven conscientes de los eventos mundiales –y ven que el mundo es una bomba de violencia– naturalmente empezarán a buscar salidas. ¡Empezarán a rechazar el mundo que usted –sus mayores– le ha legado!

Quinto, mientras crecen, verán las farsas y falsedades de la sociedad. Se darán cuenta de la falta de amor entre la gente en general. […] déjelos ver ese ejemplo miserable y que crezcan enfermos y  asqueados con el mundo. Déjelos ver la indiferencia,  la apatía pública generalizada en la sociedad.

Déjelos tener su propio pequeño mundo adolescente separado del adulto. Dejarlos retraerse en su propio mundo de los Beatles, música pop, fiestas locas y bailes adolescentes. ¡Está en el camino de hacer a un hippie ya!

Sexto, asegúrese de que todas las influencias degenerativas de esta sociedad enferma se les peguen. […] Déjelos hacer lo que sea que les parezca natural.

Con el mundo encaminándolos, sin buen ejemplo de los padres, el mundo balanceándose en el umbral de la destrucción, con el hippismo volviéndose más atractivo para ellos, con su enojo creciendo en contra de la generación anterior, están atados a volverse hippies-

Finalmente, séptimo, ¡agregue el ingrediente de la naturaleza humana, que es básicamente vanidad, egoísmo, celos, lujuria y avaricia! […] Déjelos dar rienda suelta a sus apetitos y deseos humanos. Nunca los corrija. O si lo hace, asegúrese de hacerlo con severidad, o simplemente deles un manazo. Nunca los castigue justamente, en correcto balance con la disciplina y la enseñanza adecuada y justa.

Déjelos ver su propia rebeldía e irreverencia a la ley, la policía y las autoridades constituidas. Déjelos ver cómo usted mismo incumple la ley cada vez que puede.

Si usted hace estas cosas, no tiene de qué preocuparse, ¡tendrá éxito! […] ¡Habrá creado a un hippie!

 

[1] Le agradecemos a Annette Everaert la selección arbitraria que hizo de este documento entre tantos libros intocados durante décadas.