No cabe duda de que el Partido Comunista Mexicano (PCM) ocupa un lugar preponderante en la historiografía de la izquierda mexicana, en ocasiones mucho más que los movimientos trotskistas, maoístas o sindicalistas de dentro y fuera de la Ciudad de México. Sin embargo, aún así hay regiones de su historia, particularmente aquellas que tienen que ver con sus miembros y batallas individuales dentro del Partido, que esperan ser contadas.

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Arnoldo Martínez Verdugo, líder histórico del PCM, murió el 24 de mayo de 2013. Hay mucho que pensar en torno a este personaje para profundizar en la historia del comunismo en México, desde su más conocida participación en los esfuerzos para unificar a la izquierda, hasta los debates ideológicos que inspiró y las prácticas operativas que consideraba las mejores. Hoy, a tres años de su muerte, lo recordamos evocando un proyecto intelectual que impulsó a principios de la década de los ochenta y que a la fecha se mantiene como el único en su tipo en México.

El Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (CEMOS) resguarda documentos históricos de distintos movimientos de la izquierda en México y promueve su estudio. Tiene un fondo con comunicados, informes, cartas, y demás materiales del la historia del PCM, un fondo especializado en el movimiento ferrocarrilero de Valentín Campa y documentos producidos por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) en su corta pero intensa vida. Tiene, además, un amplio archivo fotográfico, documentos culturales producidos por distintas organizaciones políticas en Cuba, una biblioteca y una hemeroteca que sigue en proceso de ser descrita, pero que contiene una cantidad inesperada de publicaciones periódicas de la izquierda provenientes de todo el país.

El centro fue inaugurado en febrero de 1983 bajo la dirección de Martínez Verdugo. Contaba con un Consejo General en el que participaban otros personajes asociados a la izquierda nacional en aquel momento tales como Roger Bartra, Valentín Campa, Rolando Cordera, Pablo Gómez, Marcela Lagarde, Carlos Pereyra, Raúl Trejo Delabre y José Woldenberg entre otros. Su lanzamiento estuvo acompañado de un boletín que, bajo el título de Memoria, vio su primer número en abril de ese año. (Recientemente, Memoria ha reaparecido bajo la dirección de Elvira Concheiro).

En el primer número de Memoria un texto de Martínez Verdugo explica la misión del CEMOS: continuar con los debates que tenían lugar en el PCM desde hacía más de una década con respecto a la importancia de recuperar y pensar la historia del movimiento obrero mexicano. Explicaba la necesidad de estudiar un movimiento de larga tradición para valorar sus aportes al “desarrollo nacional” en un momento en que el país se hundía “en la crisis más profunda del último medio siglo”. Las razones para crear un centro especializado son interesantes, pues no sólo consideran como fundamental el estudio de las clases trabajadoras, que son siempre las principales afectadas por las crisis, sino también tenían el afán de revisar críticamente la complicidad del movimiento obrero –en su vertiente burocrática y sindical– en la creación de las condiciones que habían permitido tal precariedad en las masas.

La idea detrás del CEMOS era, pues, promover el estudio histórico. Revisar el pasado con la intención de inspirarse, pero también para evitar caer en los errores cometidos en el pasado. Dicho de otra manera: cultivar una memoria militante. Para lograrlo, una condición fundamental sin duda es la protección de archivos y acervos documentales. Fuentes de fuentes de fuentes.

Aquí el sitio del CEMOS. Vale la pena sumergirse entre sus estantes: http://www.cemos.org