Existe una larga tradición de pensamiento que propone considerar a la historia como referente moral. Sea la historia “maestra de la vida” o la historia monumental que describió Nietzsche, no es descabellado pensar en voltear a ver hacia atrás para encontrar ejemplos de situaciones y personajes para guiarnos en el difícil camino del presente. Sin embargo, no se piensa necesariamente que esta capacidad de “aprender” del pasado pueda desarrollarse.

Para lidiar con los valores, el razonamiento moral y nuestras posibilidades de acción, Jörn Rüsen propone un concepto particular de conciencia histórica. Ésta consiste en una operación del intelecto humano que –con el referente del pasado– nos hace legible el presente y puede dar forma a nuestras perspectivas futuras. Así, esta “competencia” funciona como una manera de orientar nuestras acciones gracias a su posibilidad de transformar los valores morales en entidades temporales. Pensamos y retomamos  a  los valores según la manera en que entendemos el tiempo: pueden ser tradiciones, reglas de conducta ahistóricas, conceptos en desarrollo, entre muchos otros.

¿Cómo damos sentido al pasado? A través de la narración, contesta Rüsen, por lo cual podemos caracterizar la competencia esencial y específica de la conciencia histórica como una “competencia narrativa”. Conforme ésta permite experimentar el tiempo pasado, interpretarlo históricamente y darle un uso práctico, la conciencia histórica se va perfeccionando. Son cuatro los tipos de conciencia histórica que existen según Rüsen, jerarquizados en función de su complejidad cognitiva y moral. Vale la pena recordar el ejemplo que usa el autor para determinarlos.

Castillo

Con una historia que toma de Journey to the Western Islands of Scotland, de Samuel Johnson,  Rüsen busca demostrar la naturaleza de la competencia narrativa y sus formas. Plantea un problema moral en el cual se recurre a valores cuya legitimación es de índole histórica:

En un castillo ancestral en Escocia, posesión del clan Maclean, vive todavía un miembro de ese clan. En la pared del catillo está la siguiente inscripción: “Si algún hombre del clan Maclonich se apareciera en este castillo,  aunque viniera a medianoche y cargando la cabeza de un hombre en su mano, encontrará aquí seguridad y protección de todos”. Esta inscripción es producto de una ocasión memorable en que –hace muchos años– el clan Maclonich ayudó a un miembro del clan Maclean. Con gratitud, éstos últimos establecieron el castillo como un refugio para cualquier miembro del clan Maclean.

Rüsen propone imaginar que somos parte del clan Maclean y vivimos en el castillo. Una noche, un Maclonich toca la puerta pidiendo ayuda. Dice ser perseguido por la policía debido a un crimen del que se le acusa. ¿Cómo reaccionaríamos frente a esto? ¿Le haríamos o no caso a la inscripción que prometía protegerlo? Según Rüsen, nuestra respuesta dependerá de la interpretación que hagamos de dicha leyenda. En las cuatro posibles respuestas se bosquejan los cuatro tipos de conciencia histórica.

  1. Escondemos al miembro del clan Maclonich porque nos sentimos obligados a respetar el acuerdo. Conciencia histórica tradicional: El pasado es significativo y relevante en el presente como parte de la continuidad de nuestras obligaciones culturales. La moral es producto de la tradición.
  2. Lo ayudamos porque en el pasado los Maclonich ayudaron a los Maclean pero lo hacemos sobre la base de un principio general de reciprocidad de favores, más que por la tradición. Conciencia histórica ejemplar: Lidia con el pasado como si éste se conformara de casos ejemplares. Los eventos carecen de importancia intrínseca, y sólo significan en tanto ideas abstractas. Los valores reglas atemporales.
  3. Nos negamos a ayudarlo bajo el argumento de que la inscripción de la piedra no es más que un mito, o citando las nuevas leyes escocesas que sustituyen los acuerdos como el que se hizo entre los clanes. En este caso damos una serie de argumentos históricos críticos para librarnos de la obligación. Conciencia histórica crítica: Busca y moviliza una particular experiencia del pasado. La historia sirve para romper las continuidades y pierda el poder a favor de la orientación moral día a día. La contribución de este tipo de conciencia histórica a los valores morales descansa en la crítica que hace de los mismos. Señala su carácter cultural al desenmascarar su condición temporal.
  4. Decidimos convencer al Maclonich de que es inútil esconderse de la policía, pero a cambio le ofrecemos otras posibilidades de ayuda. Aún nos sentimos obligados a ayudar a los miembros del clan Macnolich, pero lo hacemos desde consideraciones modernas. Conciencia histórica genética: Reconocemos a la historia como parte de nuestro pasado al tiempo que le concedemos importancia en relación al futuro. Este tipo de conciencia histórica se basa en el precepto de que es el cambio lo que hace a la historia y lo que posibilita pensar en nuevos mundos. El razonamiento moral depende del argumento del cambio temporal como algo necesario para el establecimiento de los valores morales.

Invitamos a nuestros lectores a poner a prueba su nivel de conciencia histórica.

 

Usamos y recomendamos:

Jörn Rüsen, “Narrative Competence: The ontogeny of historical and moral consciousness” en History: narration, interpretation, orientation. Nueva York: Berghahn Books, 2005.

Para una breve y contextualizada explicación de la propuesta conceptual de Rüsen: Carmen Lucía Cataño Balseiro, “Jörn Rüsen y la conciencia histórica” en Historia y sociedad, No. 21, Colombia.

Las posibilidades educativas del concepto de conciencia histórica: Peter Lee,  “’Walking backwards into tomorrow’ Historical consciousness and understanding history”, Institute of education, University of London.