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Es difícil precisar qué era Arnaldo Córdova. Por su formación académica, habría que decir que fue jurista y politólogo. Sin embargo, basta acercarse a cualquiera de sus libros para darse cuenta que esas etiquetas resultan imprecisas e insuficientes. En éstos, las fronteras disciplinares se desvanecen y lejos de ser algo fortuito, es resultado de un claro proyecto intelectual. Junto a esta mezcla del derecho y la ciencia política, en su obra Córdova añade también a la historia, pues le parece fundamental para comprender de mejor manera la realidad a estudiar.

Una forma de acercarse y entender este proyecto interdisciplinario, y ver la visión de la historia que tenía Arnaldo Córdova, es a través de su colaboración en el libro Historia, ¿para qué? titulada con ecos ciceronianos: “La historia, maestra de la política”. La tesis nodal de este ensayo es que para estudiar y comprender la vida política mexicana, particularmente la formación del Estado y el resto de las instituciones, hay que recurrir a la historia. Esto es lo que Arnaldo Córdova mostraría a lo largo de su obra: los estudiosos de la política y el derecho tenían que siempre hacer uso de la historia para poder comprender cabalmente sus objetos de estudio. Al mismo tiempo, sus conocimientos de teoría política y filosofía del derecho aplicados a la historia le permitieron develar nuevos enfoques dentro de esta disciplina, rompiendo en diversos aspectos con la tradición historiográfica que le precedía.

Desde joven, Arnaldo Córdova se interesó por la historia: “el estudio de la historia fue para mí, desde niño, una afición que jamás me abandonó”. Cuando estudiaba la preparatoria en Michoacán, leyó apasionadamente a los clásicos de la historiografía mexicana: Justo Sierra, Manuel Orozco y Berra, Luis Chávez Orozco. Sin embargo, el momento clave para el desarrollo de su visión vendría más tarde, cuando realizó estudios de pensamiento filosófico, jurídico y político mientras terminaba su doctorado en Filosofía del Derecho en Roma: “desde entonces no pude ya dejar de investigar cualquier tema de mi interés sino como un tema histórico.”

 Un acontecimiento vigorizaría su visión histórica: el movimiento estudiantil de 1968. Éste levantó una serie de cuestionamientos que volvieron necesario poner atención al pasado. Arnaldo Córdova se preguntaba: “¿qué clase de Leviatán nos gobierna?, ¿qué es la política y, en especial, nuestra política? (¿qué está pasando y por qué?, preguntaban a su modo cada mañana los jóvenes en revuelta), ¿de dónde venimos y qué fuerzas nos han gobernado hasta ahora?”. El movimiento del 68 incentivó una conciencia histórica que terminaría cristalizando en diversas obras de aquellos que lo vivieron de manera cercana, incluyendo la del propio Arnaldo Córdova.

Así, tras su partida, Arnaldo Córdova nos deja no solamente sus libros –los cuales habrán de ser leídos y releídos–, sino también una propuesta de cómo acercarse al estudio de la política y también de cómo escribir historia de manera  más interdisciplinaria, siempre con el afán de responder mejor a las preguntas.