La influencia que ha tenido Mijaíl Bajtín (1895-1975) en la teoría de la literatura es enorme. Los conceptos que formuló son hoy día fundamentales. Entre éstos está el de la literatura carnavalizada. En el conocido análisis que hace de la obra de Dostoievski (Problemas de la poética de Dostoievski), Bajtín plantea que el autor de Crimen y castigo se suma a esta tradición literaria –con la influencia del diálogo socrático y la sátira menipea–, a pesar de que en sus obras ésta cobre una forma única: la de la novela polifónica. Para entender mejor el mundo literario creado por Dostoievski según Bajtín, pero también para pensar en el origen y las posibilidades de los géneros literarios, es clave acercarse a su concepto de literatura carnavalizada.

La literatura carnavalizada es toda expresión literaria que tenga influencia del folclore carnavalesco en su aspecto genérico, no temático. En este sentido, Bajtín aclara que para hablar de literatura carnavalizada lo fundamental es remitirse a las imágenes que ésta crea. Es decir que no se le ha de analizar en el terreno de los conceptos abstractos porque lo que la compone son más bien “pensamientos sensoriales concretos vividos como la vida misma”. Se trata de verdaderas experiencias que tienen una forma comparable a ese universo particular que es el carnaval, por lo cual, aquello que caracteriza fundamentalmente a la literatura carnavalizada es una trasposición del lenguaje del carnaval al lenguaje de las imágenes artísticas.

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Entre las categorías que señala el teórico que se fueron trasponiendo a la literatura creando toda una “percepción carnavalesca del mundo” está, en primer lugar, lo que el autor denomina “familiarización”. En el carnaval hay un contacto libre y cercano entre sus participantes que es representado claramente en la literatura que ha recibido su influencia. En el evento que implica el carnaval, como en las novelas que abrevan del mismo, no importan las jerarquías que existen y determinan la vida cotidiana: los estratos sociales se disuelven y en su lugar se establece una convivencia entre los personajes que no sabe de prejuicios. Esta categoría se descubre particularmente importante en la historia de los géneros cómico-serios de los cuales surge la literatura carnavalizada porque, según explica Bajtín, es la que les permitió a éstos abandonar finalmente sus representaciones de pasados míticos y tradiciones para hablar de la actualidad más inmediata, de aquello que es perceptible en la cotidianidad.

A la familiarización la acompaña también la “excentricidad”, la cual permite que los aspectos subliminales de la naturaleza humana se manifiesten y expresen en una forma “sensorialmente concreta”, lo cual sucede al retratar la manera en que se relacionan los personajes. Junto con la excentricidad, el carnaval une todos los fenómenos, valores, ideas y demás vicisitudes de la vida humana en lo que Bajtín define como las “disparidades carnavalescas”; posteriormente se explicitan todos los “rebajamientos” y “obscenidades” en la profanación característica de las conductas más naturales y festivas del hombre. Con estas categorías, hay acciones específicas que a los ojos del teórico ruso dan cuenta del tipo de percepción del mundo carnavalesca que tiene Dostoievski. Entre ellas destaca la coronación y destronamiento del rey, ritual representado en la celebración y que en su expresión literaria crea la imagen de los cambios y transformaciones –a veces renovadoras– a las que un hombre libre como el héroe de Dostoievski siempre puede aspirar.

Estrechamente relacionado con la representación artística particular de Dostoievski, el carnaval sugiere un tiempo y un espacio notables. El primero se descubre sin relevancia, en tanto lo que importa sólo es el tiempo presente de la fiesta, pero consecuentemente, el espacio es imprescindible. El carnaval es impensable sin el lugar físico que lo alberga y que es testigo de que todo puede pasar: la plaza. Esto en la literatura carnavalizada se manifiesta en los espacios en donde los personajes más disímiles se enfrentan. En el caso de El Jugador por ejemplo, el espacio que es Ruletenburg es fundamental en la medida en que sirve de escenario para la convivencia de personajes que son especialmente disímiles al ser de distintos países, como bien apunta Bajtín. En  general, el pueblo da la impresión de ser demasiado pequeño y sin más actividad que el juego (que funciona como metáfora sobre espacios de convivencia y regidos por leyes que no son sociales), lo que obliga a los personajes a cruzarse y enfrentarse constantemente en un ambiente particular.

Cuenta Bajtín que el carnaval penetró en casi todos los géneros literarios con sus símbolos y características. Sin embargo, aunque fue cobrando nuevas formas, posiblemente algunas más incluyentes, la tradición viva que le dio nacimiento se perdió, convirtiendo al carnaval en una tradición puramente literaria. El gran aporte de la literatura carnavalizada fue lograr una forma de representación literaria única eliminando una serie de limitantes que existían en otros géneros. “Los estratos profundos de la realidad pueden ser hallados, interpretados y expresados sólo mediante ese lenguaje”, dice Bajtín. Esto necesariamente tuvo que ver con su cercanía a una práctica social tan libre y reveladora como lo era el carnaval. El caso de la literatura carnavalizada da pie a pensar en la posibilidad de otros géneros literarios que estén tan arraigados en prácticas sociales: si éstos, por un lado, hablan tan sinceramente del hombre, y en caso de no ser así, si las características del carnaval podrían entonces reactualizarse para aspirar a este tipo de literatura. ¿O será realmente que entre los hombres ya no existen espacios en donde se revelen las potencialidades de la familiaridad, su excentricidad y tramposas dicotomías?