British Army Sniper

Bajo la idea de que la radio y la televisión deben ser un bien público que enriquezca la vida cultural, la BBC creó en 1948 las Conferencias Reith. Cada año se invita a una personalidad para que dicte una serie de conferencias radiofónicas en torno a un tema de interés público. El primer invitado fue Bertrand Russell, quien habló acerca de la “Autoridad y el Individuo”. La lista de los participantes es impactante:  Arnold Toynbee, Colin Blakemore, John Searle, Robert Oppenheimer, y un largo etcétera. La importancia y reconocimiento de este proyecto es tal que hace un par de años se estableció un vasto archivo digital con el audio y las transcripciones de las conferencias dadas.

En 1993, el pensador palestino-estadounidense Edward Said fue el elegido para  dictar las Conferencias Reith con el tema de las “Representaciones del intelectual”. Tanto la invitación a Said como el tema que éste escogió causaron polémica en varios medios. Por un lado, se argumentó que la participación de Said en distintos movimientos políticos (principalmente en la lucha a favor de Palestina) le impedía ser objetivo. Por otro, se alegó que el tema de los intelectuales era poco interesante para el público británico que generalmente utiliza el término de manera peyorativa, pues lo asocia con la idea de pensador aislado en una torre de marfil sin ningún tipo de contacto con la sociedad.

Said enfrentó a sus críticos con seis duras conferencias de media hora en las cuales delineó un concepto de intelectual que respondía directamente a los ataques que se le hicieron. Siguiendo a Antonio Gramsci, planteó que el intelectual se caracteriza por el papel que cumple en la sociedad. En este sentido, un individuo no es un intelectual por la actividad a la que se dedica, sino por el hecho de que juegue el rol de intelectual dentro del entramado social. Oponiéndose a la idea de que el intelectual está encerrado en una torre y no tiene contacto con el mundo, Said piensa que el intelectual tiene que estar profundamente relacionado con lo terrenal. No puede pensar simplemente la realidad, tiene que participar activamente en ella.

Sin embargo, no es cualquier rol el que cumple el intelectual dentro de la sociedad. Para Said (y con esto se aleja del planteamiento gramsciano), el intelectual cumple una función pública específica: la de representar una idea o causa y luchar a favor de ella frente a una audiencia lo más grande posible. Las formas de hacerlo son numerosas: apareciendo en la televisión, escribiendo libros y columnas periodísticas, enseñando en las aulas o hablando en la radio. Lo importante es que represente (y defienda) los valores e ideales con los que siente afinidad en la esfera pública.

Pero entonces, ¿alguien que represente los intereses de las compañías transnacionales sería un intelectual de la misma manera que alguien que represente, por ejemplo, a las minorías raciales? No precisamente. Según Said el intelectual, para serlo genuinamente, tiene que representar a los que están en el olvido, a los que normalmente no son representados. Más claramente: tiene que dar voz a los sin voz.

Al tomar la representación de los olvidados, el espíritu crítico se vuelve el rasgo distintivo del intelectual. Su labor esencial es confrontar lo dado y desafiar al poder que intenta mantener las cosas tal como lo son. Es un aventurero que permanentemente tiene un reto: ir en contra del establishment. Para esto tiene que dudar de todo, pensar por sí mismo y guardar siempre cierta distancia; en resumen, luchar permanentemente por su independencia (intelectual, pero también económica y moral).

Así, según Said, si alguien es un intelectual genuino también será un outsider, alguien que al ir en contra de lo dado nunca puede sentirse en casa. Sin importar a dónde vaya, el intelectual se sentirá incómodo: será un ser marginal condenado a la más terrible soledad. A la soledad de aquel que está rodeado por una multitud con la que interactúa enérgicamente, pero al mismo tiempo se siente solo. Para decirlo claro y con palabras del mismo Said: el verdadero intelectual es un francotirador.

 

Estípula

Edward Said fue profesor de literatura comparada e inglesa en la Universidad de Columbia en Nueva York, pero también fue un vehemente activista (notoriamente de la causa palestina). Se preciaba de no haber aceptado ser consultor de ningún medio de comunicación y de nunca haberse interesado en tener relación con el gobierno. ¿En qué medida Said se veía a sí mismo en la definición de intelectual que concibió?

 

Para realizar este análisis utilizamos la traducción al español de las Conferencias Reith pronunciadas por Said:

Edward W. Said. Representaciones del intelectual. Barcelona: Paidós, 1996. Para darle una hojeada aquí.