Hoy, 21 de febrero, se cumplen 15 años de la muerte de Fernando Benítez, uno de los mayores promotores de la prensa moderna mexicana –en especial de eso que llamamos periodismo cultural. Más allá de su obra personal (ensayos de corte antropológico como Ki, el drama de un pueblo y de una planta Los indios de México), Benítez se distinguió por construir una serie de suplementos culturales que jugaron un papel fundamental en la arena pública e intelectual de nuestro país a lo largo del siglo XX. Primero, fundó un suplemento en el periódico El Nacional, que en aquel entonces él dirigía. Al salir de éste, creó México en la Cultura en el Novedades y luego La Cultura en México en Siempre!. Se sumaría también al proyecto del unomásuno, en donde alentó el suplemento Sábado, y posteriormente al de La Jornada, del cual dirigió La Jornada Semanal. Publicamos aquí unos apuntes sobre La Cultura en México, una lectura imprescindible en su momento y espacio para la confluencia de distintas generaciones. Benítez tuvo un importante impacto en sus lectores, así como en diversos escritores. Fue también un gran maestro.

Como se dijo, Benítez fundó en 1948 el suplemento cultural México en la Cultura del periódico Novedades. Éste duró hasta 1961, cuando Benítez fue despedido del periódico. Víctor Flores Olea, quien fue un importante colaborador de la publicación, relata que el motivo del cese. En aquel entonces había un columnista de Excélsior que se dedicaba a escribir furibundas columnas en contra de Fidel Castro y la Revolución cubana. Benítez consiguió y publicó unos cheques que gente de Batista le hacía llegar al columnista de Excélsior lo cual desencadenó una gran polémica que terminaría con el fin de México en la Cultura.

Junto con una treintena de colaboradores que solidariamente lo apoyaron y salieron del Novedades al momento de su despido, Benítez refundó el suplemento en Siempre!, publicación dirigida por José Pagés Llergo, con el nombre de La Cultura en México. Desde su inicio, se sumaron de lleno las nuevas generaciones a este proyecto. El mejor ejemplo es el de José Emilio Pacheco, quien asumió el cargo del Jefe de la Redacción.

El nuevo suplemento rápidamente se convirtió  en un importante espacio de crítica cultural, pero también de crítica política. Un caso paradigmático fue el número del 11 de julio de 1962, que llevó el título “Un día en la tierra de Zapata. Testimonios sobre la vida y la muerte de Rubén Jaramillo”. En ésta, Benítez, León Roberto García, Víctor Flores Olea y Carlos Fuentes denunciaron los atropellos del gobierno y su culpabilidad frente al asesinato de Jaramillo en Morelos.

Durante 1968, el suplemento se volvió fundamental para la configuración de una conciencia crítica y abiertamente antioficialista. Académicos y participantes del movimiento estudiantil publicaron en repetidas ocasiones expresando su visión y análisis sobre los acontecimientos. De hecho, a propósito se iniciaron incluso secciones especiales: “Frases célebres de represores” y “Puntos de vista sobre el movimiento estudiantil”. Se publican también una serie de fotografías de Héctor García de la masacre del 2 de octubre.

Carlos Monsiváis asumió la dirección de La Cultura en México en 1972. Junto con él, se fueron incorporando al equipo de la redacción del suplemento un grupo de jóvenes, entre los que estaban Héctor Aguilar Camín, Adolfo Castañón, José Joaquín Blanco, Rolando Cordera, Roberto Diego Ortega, Carlos Pereyra, José María Pérez Gay, Alberto Román y Antonio Saborit. En este momento, como nos dijo en una conversación Rolando Cordera:

“Aunque sin quitar el contenido cultural y literario, comenzamos a trabajar textos socio-políticos y hasta económicos. Con eso cambió la oferta del suplemento y tuvo mucho éxito, pues en ese momento se necesitaban ideas que ayudaran a aclarar cosas. Bajo la dictadura de Monsiváis hubo logros importantes, por ejemplo, se documentaron los primeros movimientos urbano-populares que surgen en Chihuahua, Durango, Monterrey y Zacatecas.”

Durante los años en que Monsiváis dirigió el suplemento éste se caracterizó no solamente por mantener el espíritu crítico que lo había distinguido siempre, sino por utilizar un tono juguetón e irónico –especialmente en los encabezados y las ilustraciones. Asimismo, pretendió establecerse como una publicación que si bien no fuera elitista, tampoco fuera de un populismo ramplón. Reproducimos lo que nos dijo Héctor Aguilar Camín sobre el tema:

“La Cultura en México era uno de los espacios más leídos, más influyentes, más accesibles porque era un espacio democrático y más cercano a las preocupaciones que teníamos, que  no sólo eran literarias o de alto refinamiento intelectual. No tenía el perfil de revista como la Revista de la Universidad de México o la revista Diálogos de El Colegio de México, sino era algo que estaba más cerca de la canalla, de la vida al ras de calle y de la ciudad.”

Raúl Trejo Delabre escribió acertadamente que:

“La amplitud temática y la vocación política que sin demérito de la densidad cultural animaron a ese suplemento, lo hicieron lectura indispensable para varias generaciones. En una época de casi unánime cerrazón en la prensa mexicana, el suplemento cultural de Siempre! fue uno de los pocos espacios en donde encontraron sitio recuentos y denuncias de arbitrariedades del poder (como la represión a diversos movimientos sociales en la difícil fase posterior al 68 ) y las experiencias de organización sindical y popular que habrían de tener fuerte efecto en la democratización mexicana de las siguientes décadas”.

 

Existe un breve texto escrito por el mismo Monsiváis en el que reflexiona sobre su paso por la dirección del suplemento. (“No quisiera ponerme muy solemne pero…”, en La Cultura en México, número 1000, 27 de mayo de 1981).

 

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