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Es bien sabido que buena parte de la izquierda mexicana se ha mostrado reticente frente al tema de la legalización de la marihuana. Existen varias excepciones notables. Una de ellas, histórica, es El Machete, la revista dirigida por Roger Bartra a principios de los años ochenta. Durante los efímeros quince meses de su existencia, en sus páginas se defendió activamente la legalización de la marihuana. Como parte de los textos que se publicaron con ese objetivo está la recuperación de un manifiesto escrito por ciento cincuenta intelectuales franceses —o radicados en Francia—, entre los que estaban François Chatelet, Gilles Deleuze, André Glucksman, Félix Guattari, Jean-François Lyotard, Edgar Morin y Severo Sarduy. Su título era L’appel du 18 joint y había aparecido originalmente en el Libération el 18 de junio de 1976. Casi cuarenta años después, este texto mantiene su vitalidad y relevancia pues ni en Francia ni en México es legal la marihuana todavía. Aquí reproducimos la traducción aparecida en El Machete en septiembre de 1980.

Los cigarrillos, los licores, la aspirina, el café, el vino, los calmantes, etc., forman parte de nuestra vida cotidiana. En cambio, un simple “rollo” de cannabis (en cualquiera de sus diferentes formas: mariguana, haschis, kif, aceite) puede llevarnos a la cárcel o al siquiatra.

Decenas de documentos oficiales (especialmente los informes de La Guardia en EU, Wootton en Gran Bretaña, Le Dain en Canadá) han demostrado que el cannabis no produce ningún tipo de dependencia física, y en cambio sí la producen las drogas “duras”, como la heroína, y también el tabaco o el alcohol, y no provoca ningún efecto nocivo comparable (“Ni siquiera una bronquitis, salvo en el caso de los fumadores empedernidos”, ha escrito el director del Instituto Nacional contra el abuso de las drogas, en EU). El contenido de tales documentos jamás ha llegado al conocimiento del gran público francés; han preferido permitir que la gran prensa montase toda clase de campañas de intoxicación basadas en ineptas mentiras.

En varios países —Estados Unidos (California, Oregón, Alaska), Países Bajos, Canadá—la legislación sobre la cannabis ha sido considerablemente suavizada. En Francia, se sigue manteniendo la confusión entre drogas duras y drogas suaves, entre grandes traficantes y pequeños intermediarios o simples usuarios. Ello permite mantener e intensificar una represión cada vez mayor; desde 1969, la policía puede entrar sin mandato judicial en cualquier sitio, a cualquier hora del día o de la noche, con el pretexto de la droga. Ello permite también los arrestos masivos de jóvenes y despliegues policiales. Es una excusa para detener a cientos de personas, pequeños revendedores o fumadores de cannabis, cuando todo el mundo sabe que los peces gordos de la heroína están en libertad. Estas detenciones, evidentemente, son selectivas y afectan sobre todo a la juventud obrera y a los inmigrantes, particularmente en las regiones.

Pues bien, miles y miles de personas fuman actualmente cannabis en Francia, en las redacciones, en los liceos, en las facultades, en las oficinas, en las fábricas, en los ministerios, en los cuarteles, en los conciertos, en los congresos políticos, en sus casas, en la calle. Todo el mundo lo sabe. Para terminar con este silencio hipócrita, declaramos que hemos fumado cannabis en varias ocasiones y que tenemos la intención de reincidir eventualmente. Consideramos inadmisible cualquier forma de represión individual, sometida a la arbitrariedad policial y creemos que con este manifiesto apoyamos activamente a todas las víctimas de la represión. Exigimos que se tomen las siguientes medidas:

—Despenalización total de la cannabis, de su uso, su posesión, su cultivo (autoproducción) o introducción en el territorio francés en cantidades aptas para el consumo habitual.

—Apertura de centros de información sobre las sustancias sicotrópicas, por orden alfabético: alcohol, cannabis, fármacos, heroína, LSD, tabaco, etc.

Nosotros no tenemos nada que ver con la legalización de la mariguana ni con su comercialización. Si los trusts se apoderan de ellas, es un problema de la sociedad. Este texto no es una incitación al consumo. Solamente pretende terminar con una situación absurda.

 

Fuente: El Machete. Número 5. Septiembre 1980. p. 19.