Ya empieza la época vacacional, el momento en que para los viajeros se vuelve fundamental ir a la librería a comprar –o mejor pedir prestada– la guía turística del lugar a visitar. Aunque la idea que tenemos del turismo es reciente, en algunas de las ciudades europeas más visitadas, los libros escritos para compartir cierta información con sus visitantes extranjeros, tienen ya una importante presencia desde principios de la Edad Moderna.

Según Peter Burke, el crecimiento de los servicios de información en las ciudades europeas a principios de la Edad Moderna fue una reacción al sentido de desorientación generado por la nueva vida laboral y social dentro de las grandes ciudades del continente. La necesidad de entender mejor las dinámicas de las urbes no se restringió de ningún modo a sus propios habitantes y como parte de este proceso, el historiador ve distintas obras escritas para describir fundamentalmente a las ciudades italianas, pero poco tiempo después, también a Ámsterdam, París y Londres.

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Para el caso de Roma, Burke recuerda la obra fundante, Maravillas de la ciudad de Roma, que en un principio contenía datos históricos y poco a poco fue integrando información más práctica para los visitantes, como cuestiones sobre el servicio de correos de la ciudad. Junto con Roma, Venecia se caracterizó por una serie de guías que fueron referentes obligados para los viajeros desde el siglo XVI. De éstas, la de Francesco Sansovino, tal vez sea la más conocida.

Publicada en 1558, Venetia città nobilissima e signolare, es una descripción detallada de la ciudad, integrada por su historia urbana y política, y escrita con el principio de que los visitantes de Venecia eran “gente de las más distantes partes del mundo” que se reúnen en la pequeña ciudad para comerciar. “Y aunque estas gentes difieran entre ellas por su apariencia, vestido y lenguas, todas coinciden en elogiar a esta admirable ciudad”.

En un impresionante trabajo de recopilación documental para la historia de Venecia de los siglos XVI al XVII, David Sanders y Brian S. Pullan recuperan la información que contiene la guía de Sansovino sobre los materiales y técnicas de construcción de esta ciudad mordida por el agua. Por si alguien viajará a Venecia próximamente (ojalá), aquí una parte de lo que el escritor veneciano creyó importante que consideráramos sobre las casas de su ciudad:

Casi todos los palacios están en los sitios principales de las zonas más hermosas de la ciudad y en su mayoría, se encuentran junto al agua; la mayoría de las casas de los habitantes dan al agua lo cual, más allá de la conveniencia para el transporte de los bienes que necesita cada familia a lo largo del año, no es tan sencillo explicar. Además de esto, cada casa tiene una terraza en el techo, construida con ladrillo o madera: éstas se llaman altane y se usan para colgar al sol la ropa lavada. Desde ellas uno ve –más allá del agua tendida a lo largo– al campo circundante completo. Todos los techos están hechos de mosaicos sencillos y dobles [coppi doppi] sin mortero, por lo que el costo de construcción es mucho más cara que en tierra firme.

[…]

Los tejados de los edificios son en su mayoría inclinados y con cuatro lados [in quattro acque] lo cual, además de ayudar a que la lluvia escurra más fácilmente, es muy decorativo. Por el grueso de las vigas, colocan una y luego dejan un espacio, lo cual agrada al ojo al tiempo que refuerza el edificio, porque sostienen cualquier peso y los techos no tiemblan si la gente camina en ellos. Las casas en general se construyen con tres pisos, sin contar el tejado. Todos los cuartos tienen chimeneas, pero las salas no, y esto sin duda es sabio pues cuando uno sale de la cama, el fuego no sólo seca el sudor que produce uno cuando duerme en la noche, sino que calienta el cuarto y lo purga de los malos vapores que se levantan en el aire en otros lugares.

Nuestros ancestros construían sus cuartos in crocciola –esto es, en la forma de una T– cosa que era feo ver, pero esta costumbre ha cambiado. Los cuartos ahora corren del frente hasta la parte trasera y las ventanas están acomodadas de manera uniforme y las puertas también, de modo que cada apertura guarda proporción y, además de ofrecer una vista hermosa, el alcance del ojo está libre de impedimentos y los cuartos se llenan de luz. Debe agregarse que todas las ventanas están cubiertas, no de lienzo con tela o papel, sino con vidrio fino montado en marcos de madera y sellado con acero y plomo. Esto, para sorpresa de los extranjeros, no sólo en los palacios, sino en todos los lugares, sin importar qué tan humildes.

Las fachadas de los edificios están al ras de la parte superior a la inferior y no proyectan o tienen logias abajo, o cualquier cosa para bloquearlos, lo que significa que cuando el clima es húmedo un hombre no puede protegerse de la lluvia como en Padua o Bolonia, donde hay pórticos en la planta baja. En el diseño de los edificios la ventana de la sala principal se coloca en el centro de la fachada, de manera que los espectadores pueden reconocer fácilmente donde está situada la habitación, y en las ventanas ponen balcones que se proyectan bordeadas por hileras de columnas; éstos son poco más altos que la cintura y son muy útiles en verano para tomar el aire fresco.

En el pasado, a pesar que nuestros antepasados ​​fueran frugales, eran pródigos en la decoración de sus casas. Hay incontables edificios con los techos de los dormitorios y otras habitaciones decoradas en oro y otros colores y con historias pintadas por artistas célebres. Casi todo el mundo tiene su casa adornada con tapices nobles, cortinas de seda y cuero dorado, respaldos de los asientos [spalliere] y otras cosas de acuerdo con el tiempo y la estación, y la mayoría de las habitaciones están equipadas con armazones de cama y cofres, cubierto de oro y pintado, por lo que las cornisas están llenas de oro. Los aparadores con cubertería, porcelana, peltre y latón o bronce damasquinado, son incontables. En la recepción [sale] de las grandes familias hay exhibidores de armas con los escudos y estandartes de los ancestros que pelearon por Venecia por tierra y mar.

 

Usamos y recomendamos:

Peter Burke. “La localización del conocimiento”, Historia social del conocimiento. De Gutenberg a Diderot. Barcelona: Paidós, 2002.

“Sansovino on building-materials and techinques”, Venice. A documentary history 1450-1630. David Chambers y Brian Pullan (eds.). Toronto: University of Toronto Press, 2001.