Vísta aérea de Ciudad Universitaria, 1955.

 

El 2 de Octubre de 1968 trajo consigo una serie de transformaciones en el espacio de la opinión pública no eran del todo nuevas. Las voces que entonces denunciaron y cuestionaron al régimen no eran las primeras, atrás de ellas se oía el eco de varias personas que desde mediados de siglo disonaban ya de las opiniones generalizadas.

Según los bautizó Wigberto Jiménez Moreno, a este grupo de voces se les conoce como la “Generación de Medio Siglo”. Ésta abarcaba a un extenso y variado número de individuos y procesos, que sin embargo podrían pensarse todos como parte de una misma voluntad crítica a la realidad mexicana. Producto de las mismas lecturas como ventanas al exterior, del cobijo de las instituciones académicas y de la posibilidad de vivir finalmente de sus investigaciones, dando clases y publicando, esta voluntad fue su rasgo distintivo. Y aunque se expresó de diversos modos, poco a poco logró colarse en los recovecos de muchas de las expresiones intelectuales y artísticas en México.

La crítica se articuló alrededor de aquello que hasta entonces había regido no solamente la producción cultural, sino toda la vida nacional: la Revolución Mexicana. Muchos artistas, literatos y académicos se percataron por igual del agotamiento del nacionalismo cultural como vehículo de expresión y empezaron a dar visos de una producción de ideas que la cuestionaba.

Una inclinación que empezó por la pintura desde 1940 fue la paulatina sustitución de las preocupaciones sobre el campo y lo rural por aquello que se relacionara con lo urbano y cosmopolita. José Luis Cuevas, un entonces joven pintor, haría un llamado a romper con la trabazón de “la cortina de nopal” impuesta por el nacionalismo revolucionario. La obra consagrada como muestra de este proceso es La región más transparente de Carlos Fuentes, pues en ella quedaron establecidas las características de la nueva vida urbana de México y los cuestionamientos a una Revolución que a todas luces parecía traicionada e institucionalizada.

Si bien las producciones artística y literaria fueron las que abanderaron en un inicio estos cambios, con el tiempo este movimiento de crítica se expresó lo mismo en la música y la pintura, como en la literatura y el resto de la producción intelectual (especialmente en las ciencias sociales y la historia). De hecho, la “Generación de Medio Siglo” tomó su nombre de una revista publicada en la Facultad de Derecho por Porfirio Muñoz Ledo, Sergio Pitol, Javier Wiemer, Víctor Flores Olea, y el propio Carlos Fuentes, entre algunos otros. Ésta se trató de una publicación que quiso pensar en la realidad mexicana críticamente y la cual encontró su punto de unión en la incorporación de la izquierda como tendencia intelectual.

El caso de la “Generación de Medio Siglo” da pie a preguntarse por aquello que define a individuos, grupos y tendencias intelectuales como generaciones. Si las disciplinas en las que se reconoce a una generación pueden ser tan variadas, entonces ¿cuáles son los elementos que las unen? ¿Son las lecturas y nociones de la realidad suficientes para hablar de un grupo como generación, o es necesario que tengan cierto corpus, producción que incida en el pensar de otros? Si necesitan de las instituciones, ¿cómo hablar de verdaderas rupturas? ¿Implica el surgimiento de generaciones la muerte de las precedentes? ¿Hasta qué punto se retoman y reciclan las ideas? En el caso que aquí nos interesa: ¿Qué tanto de Medio Siglo tuvo la generación que nació después con el 2 de Octubre de 1968?

 

Sobre el tema usamos (y recomendamos):

Krauze, Enrique, “Cuatro estaciones de la cultura mexicana”, en Vuelta. Número. 60, noviembre 1981. Para descargarlo aquí.

Pereira, Armando. “La generación del Medio Siglo: un momento de transición de la cultura mexicana”, en Literatura mexicana. Vol. 6, Número 1, 1995. Para descargarlo aquí.

Rico Moreno, Javier. Pasado y futuro en la historiografía de la Revolución Mexicana. México: UAM-CONACULTA, 2000.