El 8 de diciembre de 1962 los trabajadores de los principales periódicos en Nueva York iniciaron una huelga exigiendo un aumento salarial. La huelga, que afectó a nueve de los más importantes periódicos neoyorkinos, terminó tras 114 días de protesta. Los dueños perdieron millones de dólares y varios trabajadores tuvieron que emplearse como mensajeros y choferes durante esos meses. Visto en retrospectiva, gracias a aquella huelga, la vida intelectual ganó muchísimo porque se fundaron y vigorizaron nuevos medios que con el tiempo harían historia. Uno de los más importantes, y que no ha dejado de ejercer una enorme influencia hasta el día de hoy, es The New York Review of Books (conocida también como NYRB). Esta es su historia.

Un día durante el periodo de la huelga, en el cual no se podían leer prácticamente ningún periódico local, Jason Epstein y su esposa, Barbara Epstein, cenaban con sus vecinos Robert Lowell y Elizabeth Hardwick. Los cuatro eran cercanos a la academia y al mundo editorial. A media cena Lowell dijo: “estos días están maravillosamente tranquilos. No tenemos que leer las reseñas de libros del The New York Times”. Allí mismo, sobre la mesa, este comentario generaría la idea: ¿por qué no hacer ellos mismos una publicación en donde se publicaran reseñas de calidad? No sonaba un plan tan descabellado: todos ellos conocían a personas que podrían colaborar. Además, producto de la huelga había un público cautivo, desprovisto de fuentes para obtener información y, particularmente, de reseñas. Los periódicos no eran publicados, no había lugar para que aparecieran reseñas de libros y la publicidad que las editoriales necesitaban no podía aparecer: muy seguramente los anunciantes de inmediato se interesarían en el proyecto.

Lo que parecía una charla de sobremesa iba muy en serio. Al día siguiente, Epstein le llamó a Robert Silvers para platicarle los planes de la nueva publicación e invitarlo a ser el editor. Silvers, quien en ese entonces trabajaba en Harper’s Magazine como editor asociado, se entusiasmó por el proyecto y aceptó. Mientras tanto, Lowell fue al banco por un préstamo para poder iniciar lo antes posible. El primer número de la NYRB apareció el 1 de febrero de 1963 en un distintivo formato tabloide (el cual se ha mantenido hasta hoy), con un tiraje de 100 mil ejemplares que rápidamente se agotaron. Desde ese año, y hasta la muerte de Barbara Epstein en 2006, Barbara Epstein y Robert Silvers editaron conjuntamente la NYRB.

Elizabeth Hardwick había escrito unos años antes un artículo titulado “The Decline of Book Reviewing” que, sin saberlo, vaticinaba la creación de la NYRB. Su ensayo era un áspero diagnóstico del mundo de los reseñistas y críticos literarios. En él planteaba que las auténticas reseñas de libros eran una forma de escritura, con rigurosos requerimientos intelectuales y estilísticos, que había abandonada. Denunciaba que los reseñistas del momento se habían convertido en seres completamente condescendientes, que habían olvidado el sentido de ser críticos. En sus palabras: “dulces y blandos elogios caen por todas partes a la escena; reina una universal, y algo lobotomizada, actitud acomodaticia”. Las reseñas que se publicaban elogiaban a los buenos y a los malos libros por igual y parecía que los reseñistas, entre la aceptación y tolerancia absolutas,  no tenían opinión. Hardwick daba una dura sentencia: este tipo de reseñistas podían sobrevivir en los pequeños periódicos locales, “sin embargo, para las grandes publicaciones metropolitanas, lo inusual, lo difícil, lo largo, lo intransigente y, sobre todo, lo interesante, debe esperar encontrar su público.”

Por medio de su crítica, Hardwick había puesto en claro los puntos que luego se volverían los rasgos distintivos de la NYRB. ¿Cuáles fueron éstos? Se apostó por poner a las personas más capacitadas a dar su punto de vista acerca de los libros publicados y demás temas de interés. Así, la NYRB se caracterizaría por sus reseñas que iba más allá del simple comentario y en sentido estricto eran verdaderos ensayos interpretativos con rigor académico y bien escritos. Esta propuesta, encontró su nicho entre un público urbano y con estudios universitarios.

La NYRB surgió de manera paralela a los movimientos por los derechos civiles y las distintas luchas sociales (feminismo, pacifismo) que se dieron durante la década de los sesenta y setenta en Estados Unidos y el mundo. La publicación desde su inicio participó activamente de la discusión sobre estos temas y entre sus páginas se debatió no solamente acerca de la producción intelectual, sino sobre la vida cultura, social y política. No solamente se trataba de critica de libros, sino también de crítica de la actualidad. En la NYRB Aparecieran lo mismo un reportaje sobre la guerra de Vietnam escrito por Mary McCarthy, que reflexiones en torno a la fotografía por Susan Sontag, I.F. Stone sobre el Watergate y Jean-Paul Sartre sobre su ceguera.

Hoy, la NYRB vende cerca de 135 mil ejemplares quincenales  a lo largo del mundo y el impacto que ha tenido a lo largo de su existencia es inconmensurable. No solamente  ha formado a generaciones de individuos que encuentran en sus páginas siempre nuevas ideas, sino también a otro tipo de publicaciones. Un gran ejemplo es la revista que acoge este blog. La NYRB inspiró a Nexos no sólo en términos de su primer tipo de contenido, sino incluso en el formato. Los primeros doce números de Nexos se imprimieron en papel periódico a dos tintas y en formato tabloide (431.7 mm por 279.4 mm).

Hoy  parecería que las reseñas regresan a ser eso que Hardwick tanto criticó, vale la pena echarle un vistazo a la NYRB y pensar en cómo escribir otra vez que reseñas que impliquen eso: escritura original y estilística.

 

Sobre el tema usamos (y recomendamos):

Atlas, James. “The Ma and Pa of the Intelligentsia”, en New York Magazine. 25 Septiembre 2006. Para leerlo, aquí.

Brown, Andrew. “The writer’s editor”, en The Guardian. 24 enero 2004. Para leerlo, aquí.

Remnick, David. “Postscript Barbara Epstein”, en The New Yorker. 3 julio 2006. Para leerlo, aquí.