En 1924, al iniciar la presidencia de Plutarco Elías Calles,  la situación en el campo mexicano era muy compleja. Fragmentados, desarmados y sin haber visto resueltas las demandas que sostenían desde el estallido de la Revolución, los campesinos estaban desamparados frente al gobierno y agrupaciones como el Partido Nacional Agrario no resultaban ser alternativas viables. La Liga Nacional Campesina, fundada en 1926 después del Primer Congreso de Unificación de las Organizaciones Campesinas de la República, revitalizó la lucha campesina en un momento en que todas las vías parecían estar agotadas, acordando como su principal característica la unión entre los campesinos. A lo largo de los cinco días que duró el Congreso de Unificación, con 158 delegados representantes de las organizaciones campesinas de distintos estados de la República, se plantearon una serie de cuestiones que articularon aspectos sociales, ideológicos, políticos y organizativos para la lucha campesina. Esto demostró que el movimiento agrario que se tenía en mente no sólo parecía no poderse restringir al aspecto económico como era su intención inicial, sino que muchas de las discusiones también hacen dudoso el que éste quisiera restringirse al ámbito nacional.

Los participantes del Congreso que urgían que se entendiera la situación del campo mexicano como excepcional (con condiciones particulares que incluso dificultaban un movimiento obrero y campesino) al mismo tiempo se inclinaban a pensar la lucha campesina como una lucha internacional. Durante los intercambios entre los delegados se reconoció que el “Imperialismo Yankee y el europeo” se habían unido para contrarrestar la evolución social campesina y obrera de México y del mundo entero, para lo cual se decidió invitar a la Liga anti-Imperialista a participar, moción que fue aprobada con unanimidad de votos. Asimismo, en los cinco días que duró el Congreso, fueron recurrentes las solicitudes a expandir estos esfuerzos de lucha campesina al resto del continente, así como de participar en aquellos que estaban sucediendo a nivel mundial. Entre los asistentes en representación de las organizaciones campesinas de Venezuela, Cuba y Perú se pidió la solidaridad del Congreso Nacional en la lucha campesina continental. El resto de los delegados aprobaron los esfuerzos de solidaridad y acordaron en el segundo día de discusión que el movimiento agrario mexicano encauzara el del resto del continente. Esta decisión se radicalizó más adelante con la petición de Rafael Ramos Pedrueza, quien en representación de los campesinos de Ecuador, pidió que la unión campesina no se restringiera al continente Americano, sino que fuera internacional, iniciativa también aplaudida por la mayoría. Finalmente, con la propuesta de Julio Mella, delegado enviado por la Liga anti-Imperialista, se acordó enviar a un representante de la Liga al Congreso Internacional anti-Imperialista que se celebraría en Bruselas el año siguiente.

La proyección internacional que se discutió en el Congreso encontraba su eco de posibilidad en el modelo ruso y, por lo tanto, las referencias a Rusia y sus esfuerzos en realidad no están descontextualizadas. La conveniencia de adoptar el modelo comunista de Rusia fue un tema ampliamente discutido por los delegados. Entre quienes tenían una opinión moderada al respecto estaba Soto y Gama, quien para no incurrir en lo que denominó “el fracaso que han sufrido los obreros y campesinos rusos” creía en la conveniencia de que el Comité Consultivo de la Liga se creara como un órgano moderador del Comité Nacional Ejecutivo. Este comentario despertó amplias críticas al viejo agrarista, llegando incluso a cuestionarse  su entrega a la causa campesina. Se tacharon sus propuestas de “moderaciones reaccionarias” incongruentes con su larga trayectoria y se reconoció en diversas ocasiones al “Anti-Imperialismo proletario Bolchevique” como el mejor intento por liberar a “la doliente clase explotada” de sus explotadores. No fueron explícitas las expresiones a favor de seguir los pasos de Rusia en particular, sin embargo, en la declaración de principios que se redactó al final del Congreso quedó establecido que la LNC adoptara los postulados de los artículos 27 y 132 aunque como aspiración final pretendiera  “la socialización de la tierra y de los demás medios de producción.”  Asimismo, las afinidades con la causa rusa fueron puestas de manifiesto en la decisión aprobada por acuerdo del Congreso de enviar a Lauro Caloca a Rusia como portador de un saludo solidario de los campesinos de México a los del país oriental.

Para entender la importancia de las discusiones en torno a Rusia como modelo de emancipación campesina, es importante IMG_0230recordar la participación de muchos miembros del Partido Comunista Mexicano en el Congreso. Algunos de ellos eran de los más importantes organizadores, como era el caso de Úrsulo Galván. José Rivera Castro explica que la influencia del PCM se mantendría en el proyecto de la Liga Nacional Campesina hasta  principios de 1929 cuando ésta sufre una importante escisión. Esto explica en particular el que se tuviera la mira puesta en Rusia. Se entonó hasta la Internacional para clausurar el Congreso, “el himno sublime de la dinámica revolucionaria” que según el documento del Primer Congreso de Unificación cantaron todos los representantes campesinos al unísono. Sin embargo, y a pesar de todas estas cuestiones, quien muy claramente sale a relucir una y otra vez como modelo de la lucha agraria a lo largo de las discusiones de este Primer Congreso es Zapata. Al morelense se le reconoció unánimemente  como “el iniciador y mártir de la causa agraria”, tanto, que como uno de sus proyectos, la LNC incluso se propuso la edificación de un monumento en su honor en el que se le representaría encima de una pirámide construida con una piedra de cada ejido de la República.

Entre la ambivalencia rusa y zapatista parece que el proyecto de la liga era increíblemente contradictorio. Probablemente lo fuera. Sin embargo, entre estas aparentes grietas es que se puede apreciar una auténtica preocupación por crear un órgano de representación que respondiera a las condiciones del campesinado mexicano y que al mismo tiempo se inscribiera en un movimiento de transformación radical para el mundo entero. Uno que efectivamente pudiera lograr lo que estos dirigentes campesinos buscaban, una organización nacional campesina con la cual finalmente pudieran apropiarse de aquello que les pertenecía. Argumentaban que sin esto, “la tierra nos seguirá poseyendo, en vez de poseerla nosotros”.

 

Sobre el tema usamos (y recomendamos)

Por un lado, fuentes documentales:

Primer Congreso de Unificación de las Organizaciones Campesinas de la República, Puebla, S. Loyo Editor, 1927

Por el otro, fuentes bibliográficas:

Bartra, Armando. Los herederos de zapata. Movimientos campesinos posrevolucionarios en México. 1920-1980. México, Era, 1985.

Falcón, Romana. El agrarismo en Veracruz: la etapa radical (1928-1935). México, El Colegio de México, 1977.

Fernández Castro, Pedro. “Prólogo” en Antonio Díaz Soto y Gama, Historia del Agrarismo en México. México, ERA/UAM, 2002.

Irving Reynoso, Jaime. El agrarismo radical en México en la década de 1920. Úrsulo Galván, Primo Tapia y José Guadalupe Rodríguez (una biografía política). México, El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2009.

Rivera Castro, José. Historia de la cuestión agraria mexicana. Vol. 4 Modernización, lucha agraria y poder político (coord.. Enrique Montalvo). México, Siglo XXI/CEHAM, 1988.

——————-, La clase obrera en la historia de México. En la presidencia de Plutarco Elías Calles (1924-1928). México, Siglo XXI/UNAM, 1996.