Alguien tiene que cuidar a los hombres de letras. En la tradición Cristiana, ese personaje es San Jerónimo. A este santo se le conoce por haber realizado la traducción de la Biblia al latín del hebreo y griego en el siglo IV. Sin embargo, según cuenta Santiago de la Vorágine en La Leyenda Dorada (mediados del siglo XIII), San Jerónimo no siempre fue adepto a las sagradas escrituras. Después de un día dedicado a la lectura de Platón –porque eso era lo que disfrutaba leer y no el «libro de los profetas» que no lo entretenía en lo absoluto– una fuerte fiebre lo sorprendió. Encaminado ya a la muerte, fue llevado a juicio frente a Dios quien le preguntó por su condición. A la respuesta de que era un hombre cristiano, Dios lo increpó: «mientes, eres un Ciceroniano», le dijo y lo condenó a muerte. Los que lo acompañaban pidieron misericordia, y San Jerónimo juró no volver a leer un libro secular a cambio de su vida. Desde entonces se abocó al estudio de los libros sagrados con la devoción antes destinada a la lectura de «poesía y herejías». Paradójicamente, así terminó convirtiéndose en patrono de los hombres de letras.
Las representaciones de este santo han sido constantes a lo largo de la historia del arte. Acompañamos este post con lo que lo inspiró: una serie de imágenes de San Jerónimo pintadas en los siglos XVI y XVII.





Interesante. San Jerónimo es también conocido por la leyenda del león al que curó quitándole una espina de su garra. Aunque un poco anterior a los cuadros que acompañan esta entrada, me permito añadir el cuadro de San Jerónimo curando al león en su scriptorium, ejecutado por Niccolò Antonio Colantonio ca. 1445. Puede verse aquí:
http://www2.idehist.uu.se/distans/ilmh/Ren/jer-col.htm
Finalmente, no creo que sea casual que nuestra máxima mujer de letras haya vivido y sido enterrada en el convento de San Jerónimo de la ciudad de México.
Saludos,
TBM