El periodista español Xavi Ayén, tras diez años de investigación, acaba de publicar Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo (RBA, 2014). Charlamos con él sobre esta obra, un espléndido ejemplo del periodismo cultural que por momentos es también literatura e historia intelectual.

 

De entrada, parecería que el tema mismo de tu libro –tal vez sería mejor decir el sujeto o personaje es una entidad problemática, porque ¿qué es el boom? ¿un movimiento literario? ¿un grupo de amigos? ¿un momento histórico?

Es la pregunta clave. ¿Qué es el boom? Todavía hay gente que dice que no existió jamás. Yo creo que sí existió por un motivo: porque sus miembros se reconocen como miembros de ese grupo. Asumen la etiqueta de boom –excepto Cortázar, a quien no le acababa de gustar, todos los demás están orgullosos de ella– y, porque si bien no es un movimiento literario en el sentido clásico como podría ser el modernismo o el surrealismo que tenían una estética común, actúan como lobby, como grupo de presión. Tienen proyectos comunes en revistas, en proyectos de libros –que muchos de ellos no cuajaron, pero los planearon. Tienen una serie de características comunes. Coinciden en que son vecinos, y los que no lo son se ven regularmente, por lo menos dos o tres veces al año. Coinciden en que tienen la misma agente literaria, Carmen Balcells, que los lanza en la misma operación de promoción. Coinciden en que comparten el entusiasmo inicial por la Revolución cubana. Coinciden en el nomadismo, en ir cambiando de ciudad de residencia. Sobretodo, tienen esa autoconsciencia de ser un grupo. Constituyen esa hermandad que se ayuda a encontrar traductores, a encontrar trabajillos alimenticios con los que subsistir mientras llegan pagos de derechos de autor por futuros éxitos. No en vano aquí en México se les llegó a bautizar como la Mafia. En suma, para mí, la existencia del boom se puede demostrar. Y una de las pruebas para hacerlo son las reacciones de aquellos que se sintieron excluidos de la hermandad.

Esta hermandad que es el boom tiene la singularidad de que sus miembros provienen de muy distintos lugares, coinciden en otros –un caso ejemplar es el de tu ciudad, Barcelona–, pero comparten algo central: el español. Se podría decir que, si no el primero,  es uno de los primeros movimientos transnacionales latinoamericanos y  el que más impacto ha tenido en las últimas décadas. ¿Cómo lo ves tú?

La palabra es esa, transnacional, porque el boom lo que hace es romper las fronteras y eso genera un entusiasmo. Antes de ellos había escritores venezolanos, argentinos, peruanos. Con ellos nace el escritor latinoamericano. Hay que recordar que antes de ellos Borges había dicho que en realidad nadie es latinoamericano más allá de la efusión de un brindis. Con ellos se puede decir que se va más allá del brindis, que se rompen fronteras económicas, fronteras de mercado, y que los miembros del boom y los que han venido después cuando publican sus novedades lo hacen simultáneamente en todos los países de habla española. Eso antes del boom no existía de una manera generalizada. Ellos, antes de la globalización, globalizan el mercado literario latinoamericano. Eso les produce orgullo y en algunos casos hasta euforia.
Otra cosa que hace el boom es inyectar grandes dosis de autoestima al lector de América Latina que, por primera vez en la historia, ve cómo sus autores ocupan la cúspide del canon literario mundial. Antes de ellos los mejores escritores vivos del momento siempre eran europeos o estadounidense, y a partir de esos años sesenta, a partir de boom, los latinoamericanos estarán en la primera división mundial, en la Champions de la literatura, o como se le quiera llamar.

Alfonso Reyes tiene un ensayo espléndido sobre el pasado inmediato en el cual señala lo difícil, e incluso peligroso, que resulta estudiarlo por las pasiones que suscita. Cuando a la historia intelectual o literaria se refiere, es doblemente peligroso porque son hombres de letras que escriben sobre hombres de letras. ¿Cómo viviste esto? A ti te tocó que prácticamente todos los protagonistas del boom estuvieran vivos mientras escribías su historia, ¿cómo viviste escribir esta historia inmediata?

Yo soy periodista, entonces entiendo la peligrosidad de la que hablaba Reyes. Pero en mi caso, dada mi formación profesional, lo peligroso hubiera sido hacer otra cosa, intentar hacer algo académico o de crítica literaria. Me muevo más cómodo en el periodismo, y el periodismo es justamente eso: hablar con las personas, es entrevistarlas. El riesgo siempre es no incluir suficientes voces o dar una voz a un testimonio oral como una verdad absoluta cuando en realidad todo es matizable y la memoria es muy traidora. Yo por eso abro el libro con una cita de Sergio Pitol que dice la memoria es oblicua y que construye la realidad del mismo modo que lo hacen los sueños. De algún modo con esa cita inicial quiero tener presente la amenaza constante que pendía durante todo el proceso de que un testimonio que recordara mal o intencionadamente un episodio lastrara todo el libro. Lo que he hecho, sobre todo en los temas más conflictivos, es contrastar al máximo posible. Si podía hablar con quince personas sobre un hecho que sucedió, pues hablaba con quince y no con catorce. Hay quien me dice “tú no te mojas en según qué cosas”. No es que no me moje, pero yo no estaba ahí, entonces no sé lo que sucedió. Por eso recojo testimonios de unos que dicen que sucedió una cosa y testimonios de otros que dicen que sucedió otra. He contrapesado ese método y sus posibles riesgos con la inmersión en archivos. He ido a la Universidad de Princeton en Nueva York. He visto los archivos de la censura española. He visto los archivos personales de Carmen Balcells y de Miriam Gómez. Más allá de los testimonios orales, que son una parte básica del libro, tengo los testimonios escritos. Cuando yo comprobaba que algo que me decían no era cierto, tampoco lo incluía. Me parecería demasiado quisquilloso introducir la cita de una persona y como autor todopoderoso desmentirle y decir “esto no fue así”. Si no había sido como lo contaban, simplemente no lo ponía.

¿Cuál ha sido la recepción de tu libro? Por ejemplo, Carmen Balcells, agente y amiga de los autores del boom, ¿cómo lo recibió? ¿Y Vargas Llosa y el resto de actores de la historia que narras?

Tengo los protagonistas vivos. Con excepción de García Márquez, Donoso y Cortázar, la mayoría de los personajes que aparecen en el libro están vivos y tienen una opinión. Carmen Blacells yo a veces dudo que no sea en realidad un personaje de ficción. Es una fuerza de la naturaleza tan poderosa, tan fascinante. Nunca es rutinaria, aunque hables con ella cada día, como yo he hecho durante mucho tiempo, cada día te vuelve a sorprender. Todo eso lo hace a uno dudar de su realidad empírica. Creo que no sería correcto que yo dijera lo que piensan ellos de mi libro porque si es elogioso parece que me lo estoy inventando, que estoy exagerando, y si es crítico, no soy yo quien lo tiene que decir. Es verdad que algunos casos ni siquiera lo he preguntado porque prefiero no saber.

¿Cómo ves el boom hoy? ¿Crees que el boom esté presente entre los jóvenes escritores latinoamericanos y españoles actualmente?

En términos prácticos yo mantengo la tesis de que el boom se acaba en los años setentas, a mediados o a finales, como se quiera, porque dejan de actuar como el grupo compacto del que hablábamos antes. A nivel literario, estilístico, de influencias, yo creo que no morirá nunca. O al menos yo me moriré y el boom seguirá estará estando vivo porque hay autores que beben de esa fuente. Me parece que el mismo Bolaño, aunque algunos digan lo contrario, está en la estela del boom y sigue toda una corriente que se puede entroncar con ellos. Hay otros que han matado a los padres y que han tomado otras líneas; por ejemplo, Rodrigo Fresán, quien es antiboom total. Pero Jeremías Gamboa, para citar ahora un caso contrario, está en la estela del boom con la novela que escribió, la cual es una novela entre de iniciación y globalizadora, muy en la línea de la ambición que tenían los autores del boom. Cuando hay una influencia tan grande y un grupo tan poderoso como el boom necesariamente pasan unas décadas sin que nazca nada igualable. Por donde pasó el boom a lo mejor no volvió a crecer la hierba durante muchos años.

 

Ana Sofía Rodríguez y Luciano Concheiro San Vicente 

 

9788490562987