El 8 de julio de 1976 es una de las fechas fundantes de la República de las Letras mexicana. Ese día Julio Scherer, director del periódico Excélsior, fue obligado a abandonar su cargo. En solidaridad con él buena parte de los colaboradores del diario también dejaron sus puestos. Todo apunta que el llamado “golpe a Excélsior” fue orquestado por el presidente Luis Echeverría, a quien el tono crítico impulsado por Scherer levantaba ámpulas. (La mejor obra sobre el tema sigue siendo el libro Los periodistas de Vicente Leñero)

El éxodo de Scherer y sus colaboradores más cercanos terminaría por traer la fundación de una serie de nuevas publicaciones. Scherer fundaría a finales de ese mismo año el semanario Proceso. Octavio Paz que dirigía una revista subvencionada por el Excélsior y que aparecía dentro del diario, Plural, fundaría con su gente más cercana la revista Vuelta, cuyo primer número apareció en diciembre de 1976. Manuel Becerra Acosta era subdirector del Excélsior y él decidiría no sumarse a Proceso para emprender otro proyecto: la creación de un nuevo periódico. Éste aparecería, con el nombre de unomásuno, en noviembre de 1977 y, junto con él, la declaración de principios de sus creadores bajo el título de “Nuestro compromiso”:

Somos consecuencia de una crisis nacional que también afectó el periodismo de modo grave. Es palmario que con lo acontecido el 8 de julio de 1976, cuando el sostén jurídico del viejo Excélsior fue arrancado e interrumpido su bien hacer profesional, se dio el primer síntoma, la primera advertencia de los males que sobrevendrían enseguida, entre los cuales fue más dañino, por originar a los demás, al que deslavó los residuos de la confianza colectica e hizo surgir esa confusión que impedía distinguir entre lo cierto y lo falso y condujo a la comisión de actos antisociales, en perjuicio no muy retardado para los propios autores que ilusamente pretendieron sustraerse del destino de todos.
Cuando, al llegar a su término el pasado gobierno, nos constituimos en la cooperativa de periodistas que dio vida a la editorial que publica nuestro diario, respondimos a una confianza racional, no sólo en nuestra vocación y aptitudes: confianza en un país que requiere información y acepta la crítica.
Ahora, como diario, reiteramos el propósito de asumir una actitud antimonologante. Intentamos participar en una sociedad íntegra en sus divergencias.
Creemos que la armonía social es posible si se valoriza, aunque fuere por interés pragmático, la primordial contribución de los trabajadores al bienestar común. Propone esta posibilidad la Constitución, instrumento de derecho para establecer la justicia: idea que implica la renovación de la sociedad mexicana mediante un régimen de relaciones equitativas entre los mexicanos.
Somos nacionalistas sobre esa sustentación: una nación no se integra sin que su composición política y económica diversa sea óbice, no será capaz de mantener sus convicciones constitucionales ni logrará defender sus derechos frente a las ofensivas del exterior. Y sólo esa esencial unidad nacional permitirá a nuestro pueblo y a nuestro gobierno asociarse a pueblos y gobiernos históricamente afines.
En la tarea cotidiana del periodismo hemos de sostener estos principios, con la utilización de datos y hechos que deberán ser reales, indisculpadamente reales, para que nos merezcan validez.
Este es el compromiso de unomásuno al nacer hoy.

unomásuno sería un honroso sucesor de aquel legendario Excélsior de Julio Scherer. No solamente pronto se estableció como uno de los más influyentes periódicos nacionales, sino que implementó innovaciones importantes en el quehacer periodístico mexicano. Posiblemente el más importante de los cambios que impuso haya sido el de promover que académicos, principalmente jóvenes, dieran su opinión como expertos sobre los avatares políticos y culturales del país en sus páginas. Quien ideó e implementó esta política fue Héctor Aguilar Camín, en aquel entonces coordinador y subdirector editorial del periódico. Con esto, además de tejer vínculos entre un mundo académico cada vez más endogámico y profesionalizado y el mundo periodístico, se enriqueció y complejizó el debate sobre la cosa pública. El unomásuno fue, en ese sentido, mucho más que un medio noticiero; fue lo que todo genuino periódico tiene que ser: un catalizador del debate público.

 

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