Una noción básica defendida por varios filósofos del lenguaje ha sido que decir algo es simplemente expresar un enunciado sobre la realidad, el cual puede ser verdadero o falso. El lenguaje en este sentido es visto como una herramienta para describir o representar la realidad. El filósofo británico J.L. Austin (1911-1960) estableció una ruptura fundamental con esta visión. Si bien aceptaba que existen enunciados que meramente describen la realidad (los llamaba “constatativos”), argumentó que también existen enunciados de otro tipo. Éstos no describen o constatan nada, por ende no son ni verdaderos ni falsos y, lo más importante, enunciarlos “es parte de –o es– la realización de una acción, que no sería normalmente descrita como decir algo”. A este otro tipo de enunciados los llamó performativos (en español también se les ha nombrado realizativos).
Los enunciados performativos, contrario de los constatativos, no describen la realidad sino que más bien realizan una acción. Dos ejemplos que ya son clásicos: cuándo alguien dice “acepto” en una boda o “te apuesto a que lloverá mañana”. En estos enunciados, “decir las palabras es, usualmente un, o incluso el, incidente clave en la realización del acto”. El enunciado no representa el acto: las palabras mismas lo llevan acabo. Así, con este tipo de enunciados no describimos o decimos que estamos casándonos o apostando, sino de hecho estamos realizando estas acciones con ellos.
Austin señala que para ser exitosos los enunciados performativos tienen que ser dichos en las circunstancias precisas, con una intención específica, y deben estar acompañados por otras acciones. Sin estos requisitos, la acción que el enunciado performativo estaría realizando no puede ser implementada. Dicho de otra manera: hay varios infortunios que pueden hacer que un enunciado performativo falle y no logre su objetivo. Es importante señalar que este tipo de enunciados no son ni verdaderos ni falsos, porque no están describiendo ninguna realidad exterior a ellos.
La existencia de los enunciados performativos muestra que el lenguaje no solamente representa la realidad sino que también actúa sobre ella. Puede describir al mundo por medio de los enunciados constatativos, pero también puede transformarlo por medio de los performativos. Es fundamental subrayar que para Austin este último tipo de enunciados dependen de la intención del sujeto que los enuncia. Así, como apuntamos antes, el poder de las palabras de transformar el mundo está delimitado por el contexto en el cual se enuncian y, a su vez, está dirigido por la intención de quien lo hace. El planteamiento de Austin marcaría un parte aguas en la filosofía del lenguaje, muy particularmente respecto a las ideas hegemónicas sobre la relación existente entre las palabras y la realidad.
Todas las citas, cuya versión al español es nuestra, provienen de:
J.L. Austin. How to do Things With Words. The William James Lectures delivered at Harvard University in 1955. Oxford: Oxford University Press, 1962.
Saludos, si bien es cierto lo que dicen sobre los enunciados performativos, están cayendo en un error al decir que estos conviven únicamente junto con los enunciados aquí llamados constanttivos. Los enunciados constantativos o proposiciones, como se conocen en lógica, son sólo una parte de los distintos tipos de enunciados que se pueden crear, pues además de estos podemos encontrar enunciados cuya intención no es describir la realidad (proposición) ni crearla (performativos). Podemos pensar en los enunciados imperativos «termina de comer», «haz la tarea», «ve por tortillas» cuya función no es hacer una aseveración de la realidad ni crear una realidad, sino influir en el oyente. Además de estos enunciados imperativos, hay bastantes otros con distintas finalidades.
Por lo tanto, me parece que dividir los enunciados en una cuestión binaria (proposición vs. realización) ignora muchas otras posibilidades.
Sucede que el lenguaje en todo momento está referido a algo, no hay lenguaje abstracto, aunque alguien pueda forzar la cuestión y decir que si existe algo así como la nada expresada a través del lenguaje. El lenguaje es una interfase, es un medio a través del cual se puede constatar la existencia de cosas que no son asequibles de manera sensible, cosas que no son asequibles a nuestros cinco sentidos, pero eso no es una facultad del lenguaje, sino el lenguaje expresando cosas a las que se puede acceder por medio de otras formas de conocimiento; por supuesto formas de conocimiento, no magia ni esoterismo, formas de conocimiento, un ejemplo de esto es el conocimiento de lo social, o el conocimiento de nuestra subjetividad, por edios indirectos–conceptuales–.