Sartre y la Navidad

Fotor1211160313

 

Las mentes más lucidas generalmente tienen una biografía compleja, repleta de intersticios, tan rica como su propias ideas. Jean Paul Sartre no es una excepción. Su vida misma fue una obra plagada de anécdotas que muestran su relevancia como hombre de ideas y  como actor fundamental en la historia del siglo XX. Aprovechando las fechas que se avecinan, quisiéramos rescatar un episodio de la vida y obra de Sartre poco conocido: la primer obra de teatro que escribió y que, inesperadamente para sus lectores de sus obras posteriores, tuvo como tema a la Navidad. La gran figura del existencialismo, representante de una vertiente que en contraposición con el pensamiento de otros existencialistas creyentes tales como Kierkegaard, es llamada existencialismo ateo, escribió un drama religioso  titulado Barioná, o el hijo del trueno en el cual se relata la historia del nacimiento de Jesucristo.

Las condiciones en las que Sartre escribió esta obra fueron particulares y  explican en parte su contenido. Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, Sartre se incorporó al ejército francés en donde sirvió en la unidad meteorológica. Su labor básicamente consistió en lanzar globos al aire, observar su movimiento, y posteriormente informar a la artillería sobre la dirección del viento. Permaneció varios meses en este puesto hasta que el 21 de junio de 1940, el día de su cumpleaños, fue capturado por los alemanes y trasladado al campo de prisioneros de guerra (que en alemán recibía el frío y áspero nombre de Stalag) 12D, en la población de Tréveris.

Como se puede suponer, las condiciones en el campo de prisioneros eran ciertamente hostiles, sin embargo, al llegar la Navidad ese año, un grupo de sacerdotes lograron que los nazis dejaran que ésta fuera celebrada. Entre los presos el permiso se vivió como un verdadero acontecimiento, incluso por Sarte, quien se ofreció escribir y montar una obra de teatro para sumarse a las actividades celebratorias. La obra presentada a los prisioneros, Barioná, el hijo del trueno, se diferencia notablemente de los dramas existencialistas más conocidos del francés. En ella se narra la primera Nochebuena: el nacimiento de Jesucristo, las distintas reacciones frente a ello, y finalmente el esperanzador triunfo de la fe. Entre los únicos cuatro personajes de la obra está el rey mago Baltasar, quien en la primera puesta en escena fue representado por nada menos que el propio Sartre.

Después de presentarse en el campo de prisioneros de los nazis esa Navidad de 1940, la obra pasó al olvido. Sartre la mantuvo oculta y evitó que fuese publicada. Sin embargo, más de veinte años después, accedió a imprimirla con la condición de que estuviera precedida por la siguiente nota aclaratoria:

“El hecho de que haya tomado el tema de la mitología del cristianismo, no significa que la dirección de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento durante el cautiverio. Se trataba simplemente, de acuerdo con los sacerdotes prisioneros, de encontrar un tema que pudiera hacer realidad, esa noche de Navidad, la unión más amplia posible entre cristianos y no creyentes”.

Más allá de las compras efusivas y el marketing atormentante, las cenas con familias irreconciliables y las aterradoras iluminaciones –incluso para los que no tienen nada más que endeudarse más y para aquellos que lo tienen todo y creen no tener nada– tal vez la Navidad sea un buen pretexto para  traer un poco de esperanza. Esperemos que así sea.  

 

Existe una versión de Barioná, el hijo del trueno en español:

Barioná, el hijo del trueno. Misterio de Navidad. Madrid: Vozdepapel, 2004. (Edición de José Ángel Agejas, traducción de Tomás Alfaro).

Para entender lo años en los cuales Sartre sirvió en el ejército francés, los diarios que mantuvo durante ellos son fundamentales. Aquí se pueden hojear. (en inglés).

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: General

4 comentarios en “Sartre y la Navidad

  1. Planteémonos de esta manera: Sartre a logrado descifrar la ecuación de la singularidad cultural y, en su horizonte de eventos se reproducen y se espaguetizan todas las convicciones religiosas de la desesperación, lo que para el ya casi extinto crisitanísmo analfabeta resulta esperanzador que un verdugo de las fantasías utilitarias conceda una mirada de compasión como lo es escribirles un pasaje de su propia miseria.

  2. Interesante, al parecer el contraste entre la increencia libertaria que profesaba con el milagro de la vida y de la Encarnación que literaba, resalta el misterio. El nacimiento de un niño, sobre todo el del Dios-hombre, es «una nueva edición del mundo», visión del profeta que Mel Gibson pone en labios de Jesús camino a la cruz cuando dice a María: » Madre, yo lo renuevo todo ¨. La esperanza de los magos (expresada por Baltazar representado por el propio Sartre): «… vimos la estrella, nos hicimos niños y nos pusimos en camino, pues queríamos cumplir nuestro deber de hombres que tienen esperanza. (…), a quien la tiene todo le sonríe y el mundo se le da como un regalo», y que desea ir con la Madre porque, dice: «quiero verla, VERLA».
    Una versión en español en la web…

Comentarios cerrados