Teoría de los humores para resolver problemas sociales

La Teoría o doctrina de los cuatro humores predominó en el pensamiento medieval europeo como explicación del funcionamiento del cuerpo y sus enfermedades. Desde las recopilaciones realizadas por Hipócrates (siglo IV a.C.), esta teoría fue modificándose a lo largo del tiempo pero fue siempre un elemento fundamental para la práctica médica y estuvo presente en otros campos del saber como la astrología y las ciencias naturales. El principio básico del que partía era que el cuerpo se compone de cuatro humores –sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema– que dotan a los órganos de características particulares y que, para mantenerse saludables, necesitan de una relación armónica entre ellos. En pocas palabras, un cuerpo sano es un cuerpo en equilibrio. Al mismo tiempo, cada uno de los cuatro humores se vinculaba con las cuatro estaciones, las cuatro edades del hombre y los puntos cardinales.

La teoría no se circunscribió a Europa y, como veremos, tampoco al cuerpo. Según explica Feza Günergun, como parte de la introducción de conocimientos de la Europa Occidental a los principados otomanos, las primeras obras otomanas inspiradas en fuentes procedentes de Europa occidental se pueden rastrear desde el siglo XVI. Entre las traducciones más recurrentes, la historiadora encuentra textos de cartografía, geografía y medicina –aunque muchos de estos conocimientos también fueron resultado del contacto directo entre las culturas a través de los viajes de exploración o directamente con la integración de médicos europeos a Anatolia. Como protagonista de los conocimientos médicos adaptados estuvo la Teoría de los humores, y un documento del reconocido erudito Hadji Jalifa (1609-1657) que rescata la autora  y que presentamos a continuación demuestra las posibilidades explicativas de esta teoría.

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http://www.metmuseum.org/toah/hd/grot/hd_grot.htm

En este texto, el historiador y cartógrafo turco adopta la teoría hipocrática de los humores para explicar algunos problemas de la sociedad otomana. Ve que los cuatro elementos de esta sociedad (eruditos, soldados, comerciantes y el pueblo) no están en equilibrio. Para lograrlo y garantizar el correcto funcionamiento social aborda temas que le atañerían a cada clase, como el alcance que debería tener el ejército o el pago de impuestos para el pueblo. Se trata de una reflexión que sin duda se antoja para resolver los problemas a los que nuestros «cuerpos sociales» se enfrentan constantemente.

El cuerpo humano está compuesto por una combinación de cuatro humores, y funciona a través de los sentidos  y de las cualidades naturales, que son los dones que han recibido ñas competentes manos del alma humana. De la misma manera, la estructura social  se compone de cuatro elementos, y es regulada y administrada por los hombres del Estado (que equivalen a los sentidos y a las cualidades del cuerpo), regidos, a su vez, por las competentes manos del glorioso Sultán (el alma humana). Los cuatro  elementos que componen a la sociedad son: los eruditos, los soldados, los comerciantes y el pueblo. Los eruditos son la clase más ilustre; son comparables a la sangre, que es el humor más valioso del cuerpo, puesto que el corazón es la fuente del alma humana, cuya esencia es inmaterial, y que por ser tan delicada y fina, e incapaz de fluir por sí sola, llega por medio de la sangre hasta los rincones más recónditos del cuerpo, y a todos los órganos y a los brazos y piernas. Sin duda alguna, del mismo modo que el cuerpo obtiene vida y beneficios de las sangre, los eruditos que destacan por su conocimiento de las leyes divinas y su fe en Dios reciben la ciencia sagrada (el alma) directamente de Alá o de su intermediario y la transmiten al público iletrado (los brazos t las piernas). De este modo, el cuerpo se nutre del alma al igual que la gente aprende de los eruditos. Y como el alma proporciona fuerza y aguante al cuerpo, la ciencia determina el vigor y la resistencia de la sociedad […] Los soldados representan la flema, mientras que los comerciantes son como la bilis negra y su naturaleza es vulgar, al igual que la de la tierra […] Los cuatro humores aumentan o disminuyen y se influyen los unos a los otros con el propósito de conservar la salud del cuerpo; igualmente, cuando las cuatro clases que componen la sociedad, civilizadas por la creación, se nutren mutuamente, el orden de la sociedad y la salud del Estado están asegurados. Los cuatro humores deben estar equilibrados para que el cuerpo esté sano; si alguno de los humores aumentase o modificase su esencia, sería necesario aplicar un remedio, bien para disminuirlo o bien para suprimir el humor en cuestión.

El pueblo se corresponde con la bilis negra. La medicina y la anatomía han dejado claro que, durante el transcurso de la digresión el bazo secreta bilis negra, de modo que el estómago no permanece vacío y no sufre ningún daño. De igual manera, si comparamos el estómago con el tesoro imperial, los pobres deben estar dispuestos a pagar y contribuir a las arcas cuando el cofre del Sultán está vacío. No obstante, cuando la población vive oprimida y no tiene trabajo ni ingresos, no puede permitírselo. Ésta es la razón por la que los Sultanes de tiempos pasados prestaron una gran atención a proteger al pueblo de la crueldad, tratándolo con justicia y velando por él […] La flema (los guerreros) es necesaria y útil; no obstante, su exceso y su cambio de carácter resultan perjudiciales, lo que demuestra que el orden social depende del equilibrio entre las clases que componen a la sociedad […] El número de jinetes y de jenízaros no debe sobrepasar los veinte o treinta mil, y debe preferirse el aumento de la cantidad de integrantes de otras órdenes. No obstante, el aumento del número total de guerreros puede no llegar a constituir una carga si se hace más llevadero disminuyendo sus salarios en consonancia con las leyes de antaño, así como tomando algunas precauciones apropiadas […]

En conclusión: la solución a los problemas de falta de caudal del tesoro, del tamaño del ejército y de su costo, así como de la debilidad de la población (teniendo en cuenta que esta última no está en disposición de aportar más hombres para las levas), pasa por que el Sultán –que Dios le proteja–, que debe velar por el pueblo empleando todos los medios a su alcance, consiga íntegros los ingresos de un año completo, que permitirán saldar la deuda del tesoro, y encargue la devolución de los préstamos a algún súbdito digno de confianza […] Después, la carga que supone mantener un gran ejército puede aliviarse por medio de reducciones del número de soldados y con la adopción de otras medidas adecuadas […] Para ocupar los cargos de la administración –es decir, los cimientos del tesoro– deben nombrarse personas pías y con experiencia que rehuyan el pecado. El remedio para acabar con la debilidad del pueblo consiste en bajar los impuestos, abstenerse de reclamar sus servicios para el Estado, y nombrar exclusivamente a personas con experiencia para que ocupen los cargos desde los que puede combatirse la crueldad; de este modo, la población podrá recuperarse en un par de años y el Estado otomano volverá a disfrutar de la prosperidad que merece.

El documento proviene de Feza Günergun. «Encuentros Otomanos con la ciencia europea: las traducciones al turco durante los siglos XVI y XVII», La traducción cultural en la Europa moderna. Peter Burke y R. Po-Chia Hsia (Eds.), Madrid: Akal, 2010.

Para una breve explicación de la teoría de los humores: Martínez Hernández, Gerardo. «Salud y enfermedad. El cuerpo humano en la teoría humoral de la medicina», que puede leerse aquí.

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