Marius de Zayas es un personaje de nuestro historia cultural poco conocido a pesar de la relevancia que tuvo en el impulso al arte moderno, sobre todo en la ciudad de Nueva York. Antonio Saborit ha rescatado el pensamiento de este veracruzano cosmopolita, caricaturista, comentarista y editor de la revista Camera Work, colaborador de Guillaume Apollinaire, marchante, colaborador y editor de la revista 291, así como director importantes galerías (Modern Gallery y la De Zayas Gallery) en una compilación de crónicas y ensayos.

En  “Las manifestaciones de la pintura moderna”, publicado en la revista América en 1911, Marius de Zayas veía como las cabezas del movimiento del arte moderno a Cézanne y Gauguin. Frente a los críticos neoyorkinos que veían en las ventas estos autores la “decadencia, confusión y credulidad” en la que estaba cayendo Estados Unidos a imitación de Europa, Zayas ve en estos pintores no sólo una propuesta sólida, sino incluso un método. Para él, el “método primitivo”, un intento por volver al origen, es lo que caracteriza al arte moderno. El juicio que hace tanto de Cézanne como de Gauguin, se basa entonces en la manera en que los dos artistas empezaban a desarrollar este método. La forma en que Zayas veía a estos dos pintores es muestra de cómo una mente abierta empezó a entender en un primer momento la corriente artística que se gestaba a principios del siglo XX y a los pintores de la misma:

Cézanne es un primitivo por naturaleza, y no por teoría. Su índole y su educación, su manera de vivir, el centro en que vive y su manera de comprender el arte así lo prueban. Su gusto es simple, se formó copiando las estampas de su tiempo. Ha vivido siempre en el aislamiento. Tomó parte en el movimiento de los impresionistas, pero poco después los abandonó, porque su espíritu era refractario a todo lo que significa escuela, y continuó por su propio camino, persiguiendo su propio ideal. Cézanne no es tan original como algunos pretenden, pues su obra trae a la memoria el recuerdo del Greco. No quiero decir que lo imite de un modo consciente, ni que lo imite de manera alguna, pues tal vez haya coincidencia más bien que imitación. Empezó como paisajista, sin que sus cuadros escandalizaran; pero en cuanto se dedicó a la figura, los críticos de arte pusieron el grito en el cielo y llegaron a acusarlo de profanación. En él encuentro muy notable sinceridad, la que todavía no puede resolver si es hija del genio o de la impotencia.

Gauguin tiene otros orígenes artísticos, pues procede de la academia. En la primera parte de su vida aparece como dibujante académico de lo más puro y bien definido. Después hubo  una evolución en su espíritu, debida al contagio de sufrió con el arte sudamericano precolombino, en el que hay mucho de bárbaro, y con el arte de los naturales de las islas de Otaiti, en las que residió largo tiempo, y en el que encuentro mucho de salvaje.

Tras estos dos artistas, decía Zayas, “van muchos que los siguen, creyendo que los acompañan, que los desnaturalizan, creyendo que los completan”. Como única excepción, Zayas sólo considera a Matisse, que después de ver la obra de Cézanne había operado “una revolución en su espíritu y varió de rumbo, haciendo converger todas las energías de su indisputable talento hacia el nuevo ideal”.  Como de Cézanne la descendencia por filiación artística era del Greco y la de Guaguin de los primitivos sudamericanos y taitienes, el origen artístico de Matisse, según nuestro autor, era indiscutiblemente etrusco.

 

Marius de Zayas, fotografía de Paul Burty Haviland

Marius de Zayas, fotografía de Paul Burty Haviland

 

Las referencias provienen de:

Marius de Zayas. Cómo, cuándo y por qué el arte moderno llegó a Nueva York, México: UNAM/Pértiga, 2005.

Marius de Zayas. Crónicas y ensayos (recopilación, notas e introducción Antonio Saborit), México: UNAM/CONACULTA/ DGE Equilibrista, 2008.